El deseo

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Eso suena. Aquí estamos de nuevo. Más cerca. O más lejos.

Hoy quiero escribir acerca de por qué nos atraen las cosas que no nos gustan. Es como esa canción. “Moonlight shadow”. La odio con todo mi corazón. Mike Oldfield, espero que la vida sea justa con lo que hiciste. Pero me gusta. O no. La odio y me gusta. Quizá tiene un mensaje oculto. Si yo fuera alguien interesado en transmitir mensajes ocultos, usaría una canción como esta. O algo que te atraiga, pero que odies. Odiar es una palabra fuerte. Es cierto que el odio está a la derecha del amor. Pero prefiero odio a asco. No me gusta esa expresión. No me gusta que nadie me de asco. Puede darme asco algo que alguien haga. Una actitud. Pero no una persona. Creo que nadie debería cargar con eso. “Asco”. Es demasiado.

Hay cosas que no gustan, y no atraen. Pero quizá no gustan y no atraen porque no la hemos probado. Es un no gustar poco empírico. ¿Deberíamos empiricar todo?. O no. ¿Cómo sabes que algo no te gusta si no lo has probado?. ¿Te gustan las peras?. ¿Te gustan las manzanas?. ¿Las has probado?. Hay que ser muy mierda.

Quizá es miedo. Quizá es más fácil pensar que algo no te gusta, porque así no tienes la tentación de probarlo. Pero puedes probarlo y que te guste; o que lo odies. O que no te guste. Pero entonces igual te atrae. Odiarlo sin embargo es más complicado. Corres el riesgo de amarlo. O de creer que. O de desear estar creyendo que.

Qué fácil. Al final todo es sencillo. Nuestros comportamientos. Nuestras reacciones. Fáciles. Y predecibles. En serio. Es fácil. Pero hay una hormona. O una célula. O una llamémoslo X. Algo que hace que tomemos decisiones contra lo fácil. Yo no. Yo hago siempre lo fácil. Me limita la estupidez de los demás. No soy más que una victima. Y por eso me cago en vuestra puta madre. Ahí queda.

Recuerdo haber querido querer que me gustaran determinadas cosas. Como el vino. O alguna mujer. Aunque las mujeres no son cosas. Ahora. Afortunadamente. Para algunas. Bueno, depende. Al final, de tanto desear querer, lo conseguí. Pero eso no fue natural. O si. No lo sé. Quizá es una reacción normal. Y como reacción normal, es natural. Cuando deseas querer que te guste algo, es porque te atrae, pero no te gusta.

¿Qué interés puede haber en eso?. Evolutivamente, me refiero. Por más que lo pienso. Ni idea. No tiene sentido. Debió nacer en algún momento. Me imagino que será previo a la religión. Aunque la religión ataca más al hecho de sentirte atraído por lo que no debería gustarte. Aquí hablamos de otra cosa. ¿Será el ánimo de investigar?. Eso sería mucho decir. Los investigadores me parecen unos mierdas. Así, como ente. Habrá excepciones. Excepciono con algunos que conozco. Pero sólo porque los conozco en otros ambientes. Pero bueno. Hay que reconocer que el término “investigación” tiene connotaciones muy interesantes para ir regalandolas por ahí.

Hay más cosas curiosas. Como. Por ejemplo. Las cosas que nos gustan. Cuando las tenemos, ya no nos gustan tanto. O si. Depende. Pero bueno. Me refiero a. Que dejan de ser objeto de deseo. Me gusta. Pero no lo deseo. Si no lo deseo, aunque me guste, lo dejo estar. Como pasa con muchas cosas. Que nos gustan. Pero no deseamos. O que no podemos desear. O que podemos, pero nos han educado para no hacerlo.

Entonces. Deseamos. Nos gustan cosas. Nos disgustan cosas. Odiamos otras. Algunas nos dan asco. Pero, sin embargo, todas están cerca. ¿Qué es lo que cambia el matiz?. ¿A qué responde tanta referencia atractiva?. En el sentido positivo. Y en el negativo. ¿Somos nosotros?. ¿Es un mecanismo de defensa?. ¿Un mecanismo de ataque?. ¿Una respuesta social?. A lo mejor deseamos porque debemos. Nos gusta lo que podemos. Nos disgusta lo que nos plantea reparos. Odiamos lo que no podemos. Sentimos asco por lo que no debemos.

Pero, si fuese así. Que no lo sé. Y no lo creo. La verdad. ¿Sería triste desear por deber?. ¿Nos debería gustar sólo lo que podemos?. Si no tuviéramos reparos, ¿nos gustaría lo que nos disgusta?. Te odio, pero porque no puedo contigo. Me das asco, pero sólo porque no debo; eres una tentación.

Pero lo que más inquietud me genera. ¿Por qué queremos u odiamos?, ¿por qué nos gusta o disgusta algo?. Esos sentimientos deberían ser internos. No deberían tener nombre. Ni ser sujeto de discusión. Ni ser conocidos por terceros. No sé. Quizá el problema es que tenemos que clasificar. Y dar a conocer. Clasificar y dar a conocer. Como con los impuestos. Quizá es un impuesto más. Quizá también nos quita libertar tener que querer. O sentirte atraído por lo que no te gusta. Pero eso sí, recuerda que no te gusta porque te plantea reparos. ¿Alguien puede plantearse reparos a sí mismo?. Los reparos nos vienen dados.

Pues vaya una mierda.

Tengo claro que respondería ante una pregunta. Una pregunta. De estas impertinentes. Sobre qué te gusta. O sobre qué no te gusta. Que odias. Pero no lo tengo tan claro si me limito a analizar mis secretos.

En fin.

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