Los que ya no están

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Qué bonita canción. Chavela. Qué grande. Qué descubrimiento. Qué alegría. Y qué pena.

Que triste.

La descubrí cuando ya no estaba. Tantos prejuicios. Tanto desconocimiento. Tanta poca cultura. La descubrí entre amigos. Entre buena gente. Con vino. Como no podía ser de otra forma.

Siempre lo he dicho. Tengo un sueño. Un sueño nunca soñado. Pero sería bonito. Como nunca fue soñado, puedo contarlo.

Por desgracia. Siendo chico. Perdí a mucha gente. Familia. Primero a mi abuelo Paco. El padre de mi madre. Después a mi tía Loli. En ambos casos siendo yo muy pequeño. Esta muerte hizo que los recuerdo que tengo de los siguientes sean, también, muy tristes. Después se llevaron a mi abuela Isabel. Después a mi abuelo Rafael. El primer Rafael Fernández. Algún día tendré que pensar, y escribir, sobre mi nombre.

Ahora viene mi sueño. Bueno, en un poco.

Siempre he escuchado hablar de mis abuelos. Mucho. Y muy bien. Fantásticamente bien. No puedo identificarme con sus vidas. No los conocí bien. No tengo muchos recuerdos. Y los que tengo no son muy positivos. Pero. Siempre. He escuchado cosas maravillosas de ellos.

Daría un año de mi vida por cada una de las botellas que pudiera beberme ahora con mis abuelos. Con los dos. Y con mi padre. Y Jesús. Los cinco en una mesa. Bebiendo. Riendo. Charlando. Pago yo. Con mi vida. Que es barato. Y yo soy rico.

“Tómate esta botella conmigo, y en el último trago nos vamos…”

Habría tantas cosas de las que hablar. Tanto que preguntar. Tanto que aprender. Me imagino que tanto que llorar.

No sé qué pensarían de mi. De quién me he convertido. De quien soy. De dónde estoy. De lo que hago. De cómo lo hago. De mis razones. De mis actitudes. De mis opiniones. De mis expresiones. De mi distancia. De mi humor. De mi ideología.

En ese sentido me considero un perfecto gilipollas. Tengo raíces humildes. De las que a mi me gustan. Pero quedaron atrás. No sé si soy humilde o no. Pero soy orgulloso. Me creo bueno. Me siento bueno. Me siento capaz. Y eso me resta humildad. Ahora estoy dando un curso avanzado de humildad. Eso es bueno. Bueno y malo. Lo sufro, pero dejará huella.

Qué bonito sería abrazarlos. También a mi tía. Conocerla. Y a mi abuela. Pero es mi sueño. Y llegó como llegó. Así lo relato. Quiero mucho a personas que no están aquí. Creo que las necesito. Pienso mucho en ellos. Me enorgullezco. Hablo de ellos.

Ahora necesito abrazar. Necesito ser abrazado. Es una necesidad constante. Se me saltan las lágrimas pensando en abrazar. En ser abrazado.

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