Cementerio

Ipad (1 de 1)

Otra más.

Es curioso cómo pasa el tiempo. En muchos sentidos.

Hoy cumple años  mi ángel. 55. Y no los parece. En nada.

El tiempo pasa de la manera más insospechada. Sin que te des cuenta. Hoy quiero hablar un poco de eso. Quizá es un poco triste. Quizá no. A ver si se le puede dar la vuelta a la historia. Tratemos de.

Ayer fue un día bonito. Mucho. Volví a la naturaleza. Volví a volver. Porque, lo que es volver, volví hace un par de semanas. Total, que volviendo a volver, estuve en el campo. Andando. Oyendo. Sintiendo. Disfrutando. Descubriendo. Compartiendo. Tuve suerte. He tenido suerte. Mucha. Tengo cerca a alguien que siempre hace algo por facilitarme las cosas. Por disfrutar conmigo. Y lo aprecio. Eso es tener suerte.

Ahora que lo pienso, la vida me está dando una oportunidad maravillosa. Esta lejanía me está haciendo ver lo importante que es mi familia. Mis amigos. Mi ciudad. Mi ambiente. Pero no he tenido que perderlos para saberlo. De momento, están ahí. Eso es suerte. Lo mismo me pasa con mi pareja. Está aquí. A mi lado. Y sé perfectamente quién es. Qué es para mi. Y creo saber qué sería de mi si no estuviera. Eso es una suerte. Y una responsabilidad. Pero una suerte. Ahora es sólo cuestión de aprovecharlo. De la mejor forma posible. No olvidándolo nunca. Y haciendo.

Pues eso. Ayer estuve en el campo. Experiencias que abandoné hace muchos años. Más de 20. Antes si iba mucho. Después no. Y fuí al campo cómo hay que hacerlo. Con agua, pan, chacina, queso y navaja. Nada de alcohol. Nada de barbacoas. Nada de bulla. Fui a disfrutar. A vivir. A conocer sonidos. A ver animales que no había visto. Incluso tuve. Tuvimos. Que salir corriendo delante de un jabalí. Y vi un par de pájaros carpinteros. Precioso. En serio. Qué olor. Qué sonido. Qué verde. Qué paisaje. Qué sencillo. Qué barato. Qué cerca.

Un pausa entretenida. Quizá la pausa esperada.

Sigo.

Se nos está vendiendo muy poco eso. Y digo se nos está vendiendo muy poco porque actuamos según lo que nos venden. No tenemos iniciativa. La iniciativa tiene que llegar a nosotros por elementos externos. Esa es nuestra educación. Y moriremos con ella.

Aquí llega mi punto. Estaba emborrachándome de lo que me rodeaba. Cuando. De repente. Un cementerio en medio del bosque. La muerte. Una muerte bella. Tranquila. Pacífica. Dulce. Colorida. Estética incluso. Pero muerte. Ahí estaba. En ese justo momento. Cuando tan bien me sentía. Cuando todo era perfecto.

No quiero hacer ningún paralelismo con la realidad. Entiéndeme. No es eso. Nada. No quiero decir que esa es ley de vida. Que una de cal conlleva una de arena. Nada. Nada de eso. En serio. Nada que ver.

Lo que me impresionó fue que vino. Mejor dicho. Que llegué a ella. Era la primera vez que llegué a ella. La primera vez que me crucé con ella. Que nos vimos. Que me dijo algo así como “aquí estoy yo”. En serio. 30 años tengo. Muchas experiencias en tanatorios y demás. Pero la sensación de ayer fue nueva. Y no fue nada desagradable. Fue pacífica. Y bonita.

Tengo que pensar algo más en eso. Mucho más. No sé qué conclusión sacar de ello. Es difícil.

Cada día tengo más claro que necesito estar dentro del sistema. Porque fuera no hay nada. Pero quiero estar dentro del sistema de una forma que me haga feliz. Que disfrute. Que la vida no sea un mero transcurrir de días. A eso me recuerda mi experiencia de ayer. A vivir. A vivir con ese fin. Sin miedo. Es raro.

Mi vida se ha regido siempre por el pánico que me dan las enfermedades. La muerte. Lo malo. Absoluto pánico. No quiero morir nunca. No me hago a la idea. Pero ayer vino esa experiencia. Y sigo pensando igual. Pero pienso con un poco más de claridad sobre el ínterin. El hasta entonces. Lo que ha de venir.

Ahora pienso más en controlarlo todo. Soy un poco imbécil por pensar que puedo. Es un objetivo muy grande. No hay objetivo grande. O sí. Pero la derrota en este caso es más honrosa.

La sensación que tengo ahora es que me he cruzado una vez con esa sensación llamada “muerte”. Sensación,, y no estado, por motivos obvios. Me imagino que poco a poco se irá acercando más a mi. No sé. Ya somos conocidos.

Hay cosas que me dan mucho miedo estando lejos. Recuerdo que Berlín está lejos. Aunque yo esté aquí. Porque mi punto de referencia es otro.

Uno es no saber qué ocurre en mi referencia. Me ocultan información. Y eso es duro. Y me genera mucha desconfianza.

Temo la llamada. Que llegará. Del insolucionable. Eso es jodido también.

Pero ahí estamos. Sobrevivimos. Celebramos. Otro día hablaré de mis celebraciones. De los por qué de ellas. En cualquier caso adelanto que hay que celebrarlo todo. Con la misma intensidad.

Tener la posibilidad de celebrar significa estar. Existir. Y ese es motivo más que suficiente.

No sé.

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