Un momento de alegría

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¿Creíais que me había ido? Nada de eso. No va a ser tan fácil. Necesitaba un descanso. De todo. De todo y de nada. Cambiar de aires. Y cambié. Y aquí estamos. Volvemos a la lucha. Que no es lucha. O lucha que echaré de menos. Ya veremos.

– Un momento de alegría-

Si yo no te dijera todo esto, andando el tiempo, alguien te lo diría. Pues eso. Que no me engaño. Hay cosas en las que no puedes engañarte. Y es raro. Porque uno no se engaña a si mismo. Se engaña de cara a terceros. Es absurdo. Pero yo sé la verdad. Que modifico delante de gente para engañarme. Porque a ellos no les engaño. Porque lo que digo, para ellos, es verdad. Y les da igual. No lo olvides. Porque no hacen mal. Les da igual. Y hacen bien.

Lo que es verdad hoy, mañana podría no serlo. Eso es algo de lo que hay que ser consciente. Y no avergonzarse. Sobre todo. No avergonzarse. Hay que avanzar. La vida da muchas vueltas. Y hay que tener la suficiente cintura para adaptarse a todas las circunstancias. No hay vergüenza. Es una forma de luchar. Y siempre que se lucha. Se gana. De una forma u otra.

Luchar.

Es difícil ganar. Sobre todo para el que tiene muchos frentes abiertos. Sobre todo para los que pensamos que siempre hay que tener muchos frentes abiertos. De una forma o de otra, todo lo que no te mate en la lucha, te hará aprender. Ganar. Avanzar. Mejorar. Pero claro, es difícil. Siempre. Mucho. Y no hablo por mi. Hablo desde mi. Desde lo que siento. Desde lo que hago. Desde este momento. Ahora.

Hay muchas cosas que hago ahora con mucho gusto que me gustaría que no me gustase hacer. Porque, que no me gustase hacer lo que ahora hago con gusto, significaría que podría hacer lo que ahora, con disgusto, no hago; lo que hago con gusto es sólo por el disgusto de no hacer las cosas que creo que me gustan y que es posible que, llegado el caso, no disfrute. Pero ese riesgo, el de dejar lo que ahora disfruto a cambio de la expectativa de disfrutar en un futuro de lo que ahora desconozco, o no estimo con el juicio de valor necesario, estoy dispuesto a correrlo. De otra forma. Estaría muerto.

El campo esconde manos; las entierra al sur de los limones; tierra adentro.

Por eso no me engaño. Ni a terceros. Aunque se da la paradoja de que, cuando no quieres engañar a terceros, ellos piensan que los engañas. Porque no están acostumbrados a que una opinión o decisión les llegue sin engaños. De forma natural. Tengamos en cuenta. Y no olvidemos. Que les da igual. Como si te mueres. La gente es gente. Y el que no es gente te conoce. Mejor que tú te conoces. Porque él es objetivo. Y tu no. Gilipollas. O gilipoyas. O ambas.

Bueno que aquí estoy. Que no me he ido. De momento

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