Carnes y pescados

Berlin

Ha llegado la hora.

Llevo mucho tiempo pensándolo. Mucho. Meditando. Qué hacer y qué no.

Ayer llegó la decisión.

Desde que me he venido a vivir a Alemania. Desde que estoy viviendo con Alice. Mi dieta ha variado mucho. Muchísimo. Para bien.

Me he dado cuenta de que elementos básicos de mi dieta española ya no son necesarios para mi. Incluso los tolero mal. Por ejemplo la carne. El pescado. El aceite. Al margen de otras cuestiones, más sociales que alimentarias, como el alcohol.

En el tema de la carne, y el pescado, aunque en este último caso con menos incidencia, pesa una cuestión moral detrás de la decisión que procedo a exponer. Como amante de los animales, no me gusta la explotación animal a la que estos están sometidos. Nada. Aunque creo que, en determinadas cuestiones es necesaria. Creo que la explotación animal con fines de alimentación o salud son necesarios en países en vías de desarrollo. Pero conforme más desarrollado está un país, debería fomentar menos este tipo de prácticas. Mientras pueda, contribuiré con ello. Teniendo en cuenta lo que sigue.

No obstante lo que expondré, entiendo que tanto la carne como el pescado forman parte de una dieta equilibrada y necesaria para el ser humano.

Somos omnívoros, y por lo tanto estamos hechos, y debemos, consumir todo tipo de alimentos. Cuento más variada sea nuestra dieta, mejor. No pesa en esta decisión ningún criterio relativo al daño que podrían estar haciendo este tipo de comidas en mi cuerpo, porque, a pesar de por ejemplo el tratamiento con fármacos de animales que después van a ser consumidos, entiendo que el beneficio que esta alimentación reporta es mejor que los perjuicios que puedan causar.

Mi cuerpo necesita las propiedades de la carne. Sin duda. Esa no es la discusión.

Pero mi cuerpo no tolera bien la carne. No me sienta muy bien. Me resulta pesada. A pesar de ser sabrosa, el sabor el muy básico. No me reporta mucho en materia de gusto. La carne, además, cambia mi humor y mi ánimo. Esto último, no sé por qué.

Aquí en Alemania he tenido la oportunidad, y sigo teniéndola, de acceder a una amplia oferta de productos biológicos. Esto aminora un poco el contenido moral que suma a la hora de tomar la decisión. También me ha reportado tranquilidad en materia del consumo no elegido de productos farmacológicos a través de animales. Pero haciendo una investigación un poco más profunda sobre los productos biológicos, veo que no hay gran diferencia. Más bien poca. Y poco determinante. La comida biológica no tiene que ser más sana. El trato animal en la industria biológica no tiene por que ser mejor. De hecho, es probable que no lo sea. Este engaño ha sido una información que ha determinado hacia dónde iba a ir la decisión.

Como ya he tenido alguna vez ocasión de comentar, cada vez estoy más lejos de los radicalismos. No le veo sentido a las decisiones radicales. La radicalidad te quita la razón. Además, ahora hablamos de una cuestión relativa a salud. Con más razón hay que meditar bien las decisiones.

El consumo de carne y pescado, además, es una cuestión social. Por lo que la decisión no sólo tiene un peso alimenticio, sino que también es social. Cualquier decisión que tome tendrá una repercusión directa en mi vida social. Más aun teniendo en cuenta que, las relaciones sociales que más disfruto, son aquellas que vienen acompañada de una mesa, cubiertos, bebida y comida.

Por último, como análisis previo, tenemos que no tiene mucho sentido desestimar un producto cárnico que, en caso de no consumo, va a ir a la basura. Mejor consumir, que despreciar y tirar. No va a cambiar nada relacionado con la idea defendida. No va a cambiar el fin.

La decisión que voy a llevar a cabo es la siguiente:

– No voy a volver a comprar para consumo propio carne o pescado.

– No voy a volver a ordenar en un bar o restaurante para consumo propio nada que contenga carne o pescado.

Y ahora sigo comentando.

Teniendo en cuenta lo arriba mencionado, al creer que la carne y el pescado forman parte de la dieta necesaria, esta es una decisión de carácter estrictamente personal. Esta decisión no tiene por que afectar a mis familiares más cercanos o amigos. Mis hijos tendrán acceso a estos productos mientras quieran. Y yo se los proporcionaré.

Hay elementos en la carne y el pescado que son necesarios en mi organismo y que pueden ser suplementados vía, por ejemplo, elementos artificiales como pastillas o complejos vitamínicos. Esto me plantea también algún tipo de problema de cariz lógico. No tiene sentido que deje de comer carne para proveerme de lo que ésta me provee a través de elementos artificiales. Mi cuerpo la necesita, y tendrá acceso a ella.

Consumiré carne cuando por ejemplo, me sea suministrada por tercera vía, y la decisión de consumirla no tenga ninguna implicación con las razones que argumento para dejarla. Esto me permitirá tener acceso al consumo mínimo necesario para mi cuerpo.

No me considero con esto vegetariano. No lo soy. No voy a serlo.

Dentro de las dietas vegetarianas, para mi la única que tiene algo de sentido es la vegana. La, entre otras, explotación animal no sólo se produce por el consumo alimenticio. No se produce sólo por la matanza del animal y posterior consumo de su carne. La explotación animal también está en los elementos extraídos de animales sin matarlos, para consumo alimenticio (huevos, leche) o para ropa, por ejemplo.

Creo que la leche no es necesaria en nuestra alimentación tampoco, y estoy tratando de eliminarla desde hace unos meses. Como el azúcar.

Creo, sin embargo, que el huevo es un elemento esencial en la alimentación, por lo que no pienso extraerlo de mi alimentación. Lo mismo que los quesos.

Creo también que la explotación animal que pueda producirse con fines farmacológicos es totalmente necesaria. Por lo que no puedo más que estar de acuerdo con el hecho de que se usen animales, y no personas, para testar estos productos. Siempre que sea estrictamente necesario.

Desde que estoy aquí, mi consumo de carne ha pasado de un 75% de mi dieta a un 25-30%. Con esta medida creo que bajará a un 1-2%. No es un término absoluto, pero creo que es coherente con mis necesidades y con mis criterios morales.

¿A qué esta explicación?

No es una explicación. Esto lo escribo para mi. Me ha ayudado reflejar por escrito mis ideas. Me trae total y absolutamente sin cuidado la opinión que pueda generar esta forma de pensar. Es mi forma de pensar.

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