Un año en Berlín

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Ayer.

Bueno, el 9 de junio.

No sé cuándo publicaré esto. Ni idea. Por eso. Mejor señalarlo.

Un año.

Increíble.

El tiempo pasa muy rápido. O no.

Me explico.

Recuerdo un día tomando una cerveza en Mairena con mi primo Curro y mi ahijado. Por cierto, mi ahijado se llama Rodrigo. Es el único que tengo. Posiblemente el único que tendré. No soy un buen padrino. Eso lo sabía antes incluso de aceptar semejante responsabilidad. Espero poder cumplir mejor mi labor con el paso de los años.

Pues eso. Mi primo. Mi ahijado. Mairena. Cerveza.

Estuvimos hablando de muchas cosas. Pero ahí fue la primera vez que dije que me iba a Alemania. No estaba pensado. Ni meditado. Fue una reacción. Una revelación. Le puse plazo. Y el plazo se cumplió. Y aquí estoy.

Mi primo Curro está loco. Pero tiene una bendita locura. Es un tío muy especial. Un tío que me hace pensar. Un tío sabio a su modo. Una buena persona. Con todas las letras. Me alegro de que él fuese el primero en saberlo. Quizá él no se acuerda. Pero yo sí. Y para mi es importante.

Es imposible hablar de esta experiencia sin traer a colación la forma en la que conocí a Alice, y el proceso posterior. Por eso lo dejo señalado. Otro día lo contaré mejor.

Hubo un cambio muy importante en todo esto. Un desencadenante. Un viaje en 2012. A Vietnam. Un mes juntos. Una experiencia.

En la época en que me decidí tenía varias ocupaciones. Tenía mi despacho que, paso a paso, cada día iba un poco mejor. Sin ser nada. Empezaba a rodar. Estaba con mis cursos, que complementaban los ingresos del despacho para permitirme una buena vida. Y había empezado no hace mucho a trabajar en el Hospital.

Mi situación laboral comenzaba a ser muy estable. Provechosa. Exitosa. Pero no me hacía nada feliz. Cuando miro atrás veo mucho esfuerzo detrás de mi vida laboral y empresarial. Muchos sinsabores. He aprendido mucho. Cada día que pasa lo veo con más cariño. De momento.

Mi situación personal, sin embargo, era difícil. Vivía al margen de la sociedad que me rodeaba. Vivía contando los días para volver a estar con Alice. El tiempo se contaba entre los días que hacía que no la veía, y los que me quedaban para verla.

No niego que fue también una época divertida. De salir. De estar con amigos. De libertad. Pero de todo se cansa uno.

Tras las navidades de 2013. Tras otra despedida. Tomé la decisión. Tomamos la decisión.

En febrero hablé con mi empresa. Y empecé a prepararlo todo con el despacho. Al final el proceso de finalización en ambos casos sigue vigente aun hoy. Pero eso es algo lógico. Cada día las relaciones que me unen a ese pasado son menores. Y así espero que siga.

Y entre una cosa y otra me encontré en junio. Con un billete de avión. Con mi padre llevándome al aeropuerto. Y abrazándome en la puerta de este. Y en un avión. Y llegando al aeropuerto dónde me recibía un abrazo con la misma intensidad, pero con distintos sentimientos.

Algún día hablaré de los sentimientos que me produce la sensación que tengo de haber elegido entre mi familia y mi pareja. Sé que no es así. Que incluso ellos no lo ven así. Pero a veces lo siento.

Y llegué.

Y lo celebramos.

Fue un tiempo muy largo y duro el que estuvimos separados. Muy difícil para ambos. Pero funcionó. No le deseo a nadie una relación a distancia, salvo que tenga el resultado que tuvo entre nosotros.

Y ahora ha hecho un año.

Este año he vivido muchas cosas nuevas:

– Convivir con una pareja

– Vivir en otro país

– Tener que hacer amigos nuevos

– Tener que aprender un idioma y comunicarme con él.

Han pasado muchas cosas buenas. Y malas.

Ha sido en definitiva un año muy enriquecedor. Creo que la experiencia valdrá la pena para siempre. Me siento mucho más rico de lo que era.

La peor sensación es la que tengo ahora relativa al trabajo. Nunca tuve que buscarlo, y ahora si. Y no me acostumbro. Esa sensación es incluso peor que la de tener a mi familia lejos.

La mejor, la que me proporciona estar y ver a Alice todos los días.

Es curioso, pero creo que el paso dado fue buscando un poco de estabilidad en mi vida. Buscando hipotecarla. Centrarla. Y aquí estoy. Un año después.

Prometo que no sé dónde estaré mañana. O en una semana. O en un mes. Mucho menos, en un año. Pero espero que las experiencias sean tan gratificantes como las vividas en el anterior.

Seguiré intentando mejorar.

Gracias.

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