Una pequeña pausa

Berlin

Una nueva semana. Una buena noticia.

Tiempo difícil, no dejo de decirlo. Difícil y bonito.

Retos. Superaciones. Recaídas. Depresiones. Intensidad, en definitiva.

Me acuesto con varias noticias.

Una, que un asunto se acaba por fin. Hice más de lo que pude. Me metí dónde no debía. Dónde no ganaba, y me arriesgaba a perder. Y perdí. Pero se acaba. No sin ayuda. Pero se acaba. Me deja mal sabor de boca por una parte. Buen sabor de boca por otra. Está bien aprender dónde debes estar y dónde no. Porque no es es tu sitio. Porque no te lo van a reconocer.

La segunda es la amistad. Reconozco que desconfío. Es triste. Un amigo ha tenido un gesto conmigo y debo reconocer que lo primero en lo que he pensado es qué ganaba él para tener ese buen gesto. Y me equivoco. Aunque al final no me equivoque. Me equivoco.

La tercera, una opción.

Sigo con la duda de saber qué pensaré la semana que viene sobre lo que me pasa ésta. Tiempo incierto. Me gusta la incertidumbre, pero tengo el instinto de querer resolverla.

La opción puede ser una buena noticia o no. La última opción salió mal y me hundió durante tres semanas. Esta semana lo he retomado todo con muchas ganas. Otra decepción no me sentaría nada bien. Nada. Espero que no sea.

Me gustó ayer hablar con mi padre. Qué fuerza. Y con mi madre. Hoy hacen 35 años casados. Eso es ser rico. Algún día hablaré de ellos. Mi fuerza.

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