Otoño

Puesta de sol

Llegó el otoño a Berlin. Sólo lo parece. Con los días mejora.

Típica forma de empezar algo.

He perdido la conexión a esto, y tengo que retomarla. Poco a poco. Como con todas las cosas, la distancia no ayuda a desandar pasos.

He tenido un mes de agosto (digamos que) intenso. Han venido mis dos mejores amigos a visitarme. Casi todo el mes de agosto con ellos. Con las diferencias lógicas de personalidad de cada uno de ellos, me alegra mucho saber que la distancia no afecta en términos de cariño y amistad. Me alegra saber que hay personas en Sevilla que piensan en mi cómo yo pienso en ellos. Que se acuerdan de mi. Que me echan de menos. Es tan triste el sentimiento de distancia hacia ellos, como el de alegría de ver que la amistad sigue tal cual la dejamos. Sólo espero que en el desarrollo de sus acontecimientos, siga cabiendo la idea de venir por aquí a pasar un rato conmigo y con Alice.

En unos días viene mi hermana, a la cual también tengo muchísimas ganas de ver. Su primer viaje al extranjero. Su primer viaje en avión. Toda una aventura.

Escribí las palabras de arriba hace casi un mes y medio, después de estar casi otro mes sin escribir. Quizá es el momento de buscarle una explicación. Lo dejo aquí. Ahora me voy, pero antes de irme a la cama, me debo una explicación.

Ya no escribo ni para mi.

Esto puede convertirse en una terapia, pero al final no tiene más vocación que la de ser una bitácora de lo que estoy viviendo este año. Miento. No de lo que vivo, sino de lo que me preocupa. De lo que va bien no hay necesidad de escribir.

Tengo ganas de leer esto en retrospectiva, pero tengo miedo de las circunstancias en las que lo leeré.

Todo es negro ahora.

No puedo verlo de otra forma. Todo lo que me preocupa.

¿Dónde estaré dentro de 6 meses?¿De 3?¿Qué habrá pasado con las cuestiones que me preocupan ahora?¿Se habrán solucionado?

No sé qué camino seguir. No sé por dónde avanzar.

Todas las mañanas me levanto con una rutina planteada. Y la llevo a cabo. Me estoy haciendo de hierro. Puedo con todo lo que me están echando encima. Este año tengo la sensación además de que no me sale nada. Nada de nada. Creo en las supersticiones como el que más. Creo en los males de ojos. Y creo, en ese sentido, que estoy siendo víctima de uno. No sé de parte de quien, ni por qué.

Es imposible estar como estoy, en momentos en los que deseas llegar a una etapa de normalidad. De felicidad. De no preocupación. De tranquilidad. De seguridad.

Hay mucha gente que no la tiene; eso es cierto. Hay mucha gente que no tiene ocasión de tenerla. Hay quien vive en las antípodas de eso. Pero bueno, eso no me tranquiliza ni me da paz.

Creo que he disfrutado de los medios para que mi vida vaya mejor que ahora, y creo que me he esforzado mucho en ese sentido, pero no veo resultados generalizados. Como he dicho antes, hay aspectos en los que va inmejorablemente bien, y otros en los que la situación está muy complicada.

Esta es la realidad en la que estoy viviendo. Una realidad en la que soy consciente de que todo podría ir peor -incluso mucho peor- de lo que va, pero que a la misma vez no culmina de forma satisfactoria con los esfuerzos que, en muchísimos aspectos, estoy realizando.

No sé por dónde tirar. Leo escritos de hace meses, y me veo igual.

No sé por dónde tirar, pero eso sigo un camino, un propósito. Me esfuerzo a diario. Doy lo mejor de mi -que ya no sé si es mucho o poco- al objeto de conseguir lo que pretendo, que ahora no es más que conseguir entrar en una etapa de estabilidad y paz, que me permita emprender proyectos más grandes, cómo el de construir una familia.

Me veo cada día un poco mejor. Estoy aprendiendo mucho. De mi, y de lo que me rodea. Muchísimo. Pero no veo la salida a mi búsqueda.

Tengo envidia del que tiene lo que me falta. Y eso es lo peor, porque no alimenta, sino que hiere.

Me avergüenzo de una situación a pesar de que estoy dando el 100% de mi, cosa que no había hecho antes. No sé si lo que me avergüenza es no haberlo dado ates, cuando podía. Quizá veo mi potencial, y veo que no tengo posibilidades de desarrollarlo.

Estoy encerrado no sé dónde, y con miedo de seguir moviéndome. Me da miedo emprender nuevas cosas, con motivo de temer que los resultados sean los mismos que he obtenido ahora. Estoy en un círculo vicioso. Que no sé por dónde romper.

Por eso no he escrito.

Quizá en realidad no hay explicación. No he escrito porque no lo he hecho, porque no me he visto capaz, porque no lo he pensado, porque no lo he visto conveniente. No sé.

Pero bueno, me alegro de haber encontrado esto hoy. Hoy hacía falta.

Esto es para mi, y escribo con la tranquilidad de saber que nadie que se preocuparía por leer esto lo va a leer.

Espero seguir volviendo.

Espero seguir avanzando.

Espero estar en el camino adecuado.

Creo que si consigo mi objetivo, habrá sido lo más grande conseguido hasta ahora. Me hará grande, pues el proyecto es enorme. Quizá no lo consigo. Pero debo seguir intentándolo.

Buenas noches.

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