Vuelta atrás

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Volviendo atrás me he encontrado con esta entrada. No escribí nada en su día. Decidí la foto, decidí la música y lo archivé. No suelo hacerlo nunca, me ha resultado curioso. La foto me encanta, al igual que la música.

“I gave to you, now, you give to me”

Esta tarde he tenido una reunión que me ha gustado mucho. Una experiencia de esas que te dejan un buen sabor de boca. Ha sido algo así como preguntar al destino, y el destino me ha traído algo bueno. Sin preverlo, sin esperarlo. Sin merecerlo.

Con motivo de iniciar mi andadura profesional como abogado necesito mover mucha documentación. Tengo la intención de darme de alta en el Colegio de Abogados de Berlin, lo cual es una estupidez llena de sentido para los cabezacuadradas estos. En fin. Que la documentación que tengo que mover tiene que ser traducida por cuanto viene de España, y va a desplegar efectos en Alemania.

Cuando necesitas de un profesional, tienes muchas opciones de buscarlo. La más sencilla: google. De todas formas, tengo aquí una comunidad de españoles que estaba seguro habían necesitado de un traductor. Me puse manos a la obra. Pregunté, y me pasaron un par de contactos que sumé a los que encontré por internet. Casualmente tres de mis amigos habían usado a una que, aunque no vivía ya en Berlín, parecía buena. De todas formas, mandé un correo a un amplio grupo de traductores y esperé respuesta.

Obvia comentar las respuestas que recibí, y los presupuestos que obtuve, por cuanto entiendo que cada uno de ellos estaba haciéndolo lo mejor que podía para ganar un cliente y sobretodo, ganarse la vida. Cuando alguien esta haciéndolo lo mejor que puede, no merece crítica de ningún tipo.

El caso es que la chica recomendada por mis amigos fue, por poco, la que mejor oferta hizo en conjunto. Y no me refiero sólo a precio, que también. Le escribí, le pasé la información, y realicé el encargo.

Por circunstancias ajenas a lo que aquí se comenta, hacer llegar los documentos desde Hamburgo (donde se encontraba la traductora) y Berlín, era más complicado de lo normal. Por suerte (o desgracia) Alice trabajaba esta semana allí, en Hamburgo, por lo que me ofrecí a recoger personalmente los papeles dónde esta persona me dijera. Era más rápido, y más efectivo.

Y aquí vino la sorpresa.

Después de pasar un día anterior fantástico. Después de una velada, una noche, y un desayuno aun mejores, nos encaminamos a Hamburgo (Norderstedt) dónde dejé a Alice en un pequeño rincón que, casualmente, tiene la particularidad de tener la misma matrícula en los coches que las que tuvieran en Sevilla: es decir, SE. Al grano, dejé a Alice, y me encaminé hasta la vivienda de la traductora.

Hay mucha información accesoria que quiero obviar por cuanto creo que no ayudan a entender ese momento en el cual llegué a su casa. Me abrieron. Me ofrecieron un café, y una conversación. Una de las conversaciones más agradables que he tenido en lo que va de experiencia aquí en Alemania.

Dos perfectos desconocidos que deciden que no tienen una cosa mejor que hacer que compartir su experiencia, su amabilidad, su hospitalidad, su buen café, sus consejos, su cariño, con (para ellos) otro perfecto desconocido.

Una experiencia que fue lo suficientemente gratificante como para ser reseñada, pero que quizá no tuvo la entidad suficiente como para ser recordada. Y por eso la escribo.

No sabemos nada de nada.

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