El rincón de los #consejos (1)

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Gran parte de los consejos que voy a ir escribiendo en los próximos días proceden de mis padres. Cuando hablemos de consejos basados en anécdotas, vendrán en muchos de los casos de mi madre; cuando hablemos de sentencias, seguro que proceden de mi padre.

Empecemos por lo segundo.

“A veces se nos olvida que somos animales”

Este es uno de los consejos más presentes en mi vida de los recibidos por mi padre. No sé cuándo fue la primera vez que me lo dijo, ni desgraciadamente recuerdo el por qué, pero me ha servido para entender muchas situaciones.

Y es que es cierto.

Aunque no nos guste vernos de esa forma, respondemos de la misma forma en la que responde la gran mayoría de los animales. Somos seres racionales, y eso nos diferencia un poco de algunas otras especies, pero tenemos un mismo sentido de existencia que explica la forma en la que nos comportamos. Especialmente en sociedad.

La forma en la que nos relacionamos con terceros viene determinada por un determinado instinto de supervivencia, seguramente basado en el papel que hemos venido a desarrollar en el mundo, que nos obliga a comportarnos de una forma que a lo mejor racionalmente rechazamos por primaria.

No sabemos porque reaccionamos de una forma determinada cuando no estamos pensando lo que estamos haciendo. No sabemos, por ejemplo, por qué un día nos sentimos mas atraídos por alguien que hasta entonces no ha llamado nuestra atención. No sabemos explicar por qué hay olores que nos recuerdan experiencias. No sabemos por qué somos duros y competitivos cuando tenemos que proteger lo nuestro. No sabemos por qué tenemos empatía por lo cercano e indiferencia por lo lejano. No sabemos qué es en concreto lo que nos atrae de una determinada situación. De una determinada persona.

Y quizá la explicación más sencilla es que somo animales que reaccionamos a instintos que están ahí, aunque nos olvidemos de ellos. Instintos como el maternal, instintos como el de la empatía hacia el cercano; pero también instintos como el ya comentado de supervivencia.

Lo políticamente correcto nos impide comparar situaciones habituales en la naturaleza para entender comportamientos humanos. Pero creo que hay grandes similitudes, y el análisis de las mismas explica de forma sencilla algunas cosas que nos parecen demasiado complicadas. Los procesos de aprendizaje en los animales, las relaciones de dependencia con sus congéneres, el instinto de superación, los periodos de celo, los roles que cada miembro desarrolla en un grupo, los roles basados en diferencias de sexo, etcétera.

Obviamente no me he parado a buscar una base científica en nada de lo arriba reseñado, pero mi experiencia me ha demostrado que ese consejo (quizá destinado a evitarme la frustración por algo que racionalmente no me alcanzaba a entender) se ha mostrado en muchas ocasiones (no todas) como cierto.

Y, para empezar, no veo mal compartirlo por si a alguien le sirve.

Ahí lo dejo.

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