Meanwhile in Spain

Cada vez que me levanto; o antes de acostarme; o al hacer una pausa, me gusta dedicar un rato a buscar un poco de información sobre España. Desde hace mucho tiempo, decidí intentar no vivir la realidad de España de forma directa, y centrarme un poco más en la de Alemania, que es dónde vivo.

Los medios que uso son los normales: periódicos, facebook, twitter, etc…

Pues bien, no deja de sorprenderme el hecho de que a pesar de que leo mucho menos sobre la realidad informativa de España, las conclusiones que saco sobre lo que allí está pasando son mucho peores. Ahora no hay informaciones sobre terceros asuntos que diluyan el gravísimo contenido de algunas noticias.

De las noticias de las últimas semanas me quedo con dos:

La primera, relativa a la comparecencia del Presidente del Gobierno en la cual quedó demostrado que los datos expuestos estaban expresados de forma que daban a entender una realidad que no era tal. En definitiva, que en la mayoría de los datos analizados la situación de España será posiblemente peor a la que tenía cuando el gobierno (con aplastante mayoría absoluta) entro al poder. Siendo expuestos los datos por el Presidente de forma que daban a entender lo contrario.

Segunda, que el Ministro del Interior recibió al ex-director (hoy imputado) de uno de los bancos peor gestionados de España, que dejara un agujero económico de miles de millones de euros, en su despacho del Ministerio.

Y lo que vengo aquí a analizar no es nada relacionado con cuestiones de decencia política, transparencia o corrupción; lo que vengo a analizar es la sensación de impunidad con la que deben sentirse los dirigentes políticos de ese país cuando actúan así. Es inconcebible que una persona responsable tome las decisiones arriba señaladas sin tener miedo a las consecuencias que se pueden derivar de ello. No tienen miedo a la vergüenza, al bochorno, a las consecuencias políticas, ni por supuestos a las consecuencias jurídicas que el actuar de esa forma pueda acarrearles.

¿Por qué se da esta circunstancia?

Al final, me temo, que la ciudadanía y algunos poderes de facto, como los medios de comunicación, no se toman a la clase política como lo que son: dirigentes que están en sus puestos para tomar decisiones en beneficio de todos, y no sólo de quienes los han votado, o se llevan sus favores.

Mientras haya medios que justifiquen lo injustificable, y ciudadanos que apoyen las opiniones vertidas por esos medios, y las defiendan, seguiremos en este mar podrido de desvergüenza que es el poder político en cualquier ámbito.

Me avergüenza ver lo que veo, y leer lo que leo. Pero más me avergüenza ver a quienes justifican que les roban, les saquean, y encima se ríen de ellos.

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