Spanischer Cataluña

Un poco cansado de lo que empieza hoy: la campaña electoral catalana.

No va a ser este un post de odio hace Cataluña, o hacia los que quieren su independencia, porque no siento tal odio. Es una entrada relativa al vencimiento por hartazgo que siento en esta materia.

Soy un firme defensor del derecho a decidir de los pueblos. Soy consciente (porque sólo hay que acudir a la historia) de las particularidades del pueblo catalán dentro de la historia de España (a la que, por otra parte, siempre han pertenecido). Entiendo las identidades culturales que les animan a buscar una defensa en común de estas, incluso fuera del estado al que pertenecen. Entiendo que la reacción provocada por el resto de España, y en particular por los representantes de estos, les anime a luchar con más insistencia por lo que hasta hace no demasiado sólo pocos consideraban necesario.

Ahora debería venir el “pero”. No va a haberlo.

La mayor fábrica de independentistas está en la reacción del resto de españoles. En los medios de comunicación. En el simple odio a lo catalán. Se está dando la paradoja de parecer que a muchos no les interesa la independencia, porque lo que de verdad quieren es la expulsión. No hay nadie que tienda la mano. No será posible la reconciliación entre pueblos que no dejan de manifestar odio cada vez que tienen ocasión.

El estado, por definición (salvo los fallidos) son siempre estados de derecho, porque es el derecho el que configura y sustenta al estado. Pero la existencia de un estado de derecho no justifica la cerrazón al diálogo o el ataque injustificado. La democracia (a veces por suerte, y a veces por desgracia) debería estar por encima de cualquier estado de derecho. El pueblo tiene (o debería tener) la capacidad siempre de decidir sobre su futuro sin más limitación que la obtención de una mayoría que respalde su pretensión.

Pretender con desdén, con actitud fascista, latente de democracia, con soberbia, apagar el fuego de la independencia que se está avivando en Cataluña no es ninguna solución. Bajo mi punto de vista sólo va a conseguir agravar las cosas. Pero no creo que esto vaya a cambiar.

Creo que hay que dejar al pueblo manifestarse. Creo que aun estamos en un momento en el que el sentido común primará sobre el odio. Creo que a poco que haya un grupo de personas que quieran la independencia de un territorio, el estado debe poner los medios necesarios para que puedan ejercer su derecho de manifestar sus ideas. Por supuesto, también tienen derecho a ejercer su derecho aquello que se oponen a la citada independencia. De hecho, yo estaría con ellos.

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