El abogado en bicicleta

Vespa

Volvemos de nuevo a una historia del pasado.

Ya he contado en alguna otra ocasión algo sobre mis principios como autónomo. Cuento ahora otra historia, por si algún día se me olvida.

Siempre he sido un gran aficionado a las motos y a los coches. Ningún fanático, sólo aficionado. Especialmente, me gustan las motos y coches viejos.

Poco antes de la apertura del despacho tenía dos motos (Vespa Iris y Suzuki GS500) y un Ford Fiesta. El Ford Fiesta era cosa de mis padres, pero las motos las había comprado yo con el dinero que había ganado con, entre otras cosas, mi trabajo montando casetas de feria. Iba a necesitar dinero en sentido positivo y en sentido negativo. En sentido positivo, necesitaba cash para pagar la inversión que iba a suponer la nueva andadura, y por otro lado no podía tener grandes cargas económicas de las que tirar hacia adelante en ese momento. Por esas, y otras cuestiones, decidí que lo mejor era deshacerse de coche y ambas motos. Creo que en total me quedé con unos 1.800€.

Cabe señalar ahora que poco antes había comprado una bonita bicicleta clásica por la que pagué más de lo que hubiera debido pero que, en definitiva, hizo su trabajo.

Y como dos más dos son cuatro, así es como me vi en los primeros meses de invierno en mi primer trabajo. Cogía mi bicicleta de 30 o 40 años, y me montaba bien temprano por las mañanas para irme a la periferia de Sevilla a trabajar en mi nueva ilusión. Seguro que, por aquella época, era el único Abogado en Sevilla que, por necesidad, tenía que desplazarse en bicicleta.

De aquello, como no podía ser de otra manera, guardo un bonito recuerdo.

Cuando era requerido un desplazamiento mayor, siempre contaba con el coche de mi padre o de mi hermana y, a decir verdad, también con el scooter de esta última. Pero la mayor parte del tiempo, me movía en bicicleta. No estaba mal.

Unos meses después, un amigo de mi padre me regaló una Vespa blanca que me sirvió para moverme. Con ella anduve un par de meses o tres, hasta que tuve el dinero suficiente para comprar la moto con la que andé hasta que me vine a vivir a Alemania; que tenía también más de 20 años (TDM 850) y que compré por poco más de 1000€. Vendí, además, la Vespa muy bien vendida y di todo el dinero que conseguí a quien en su día, muy generosamente y sin esperar nada a cambio, me regalo la moto y con ella, me quitó de ser el único Abogado en Sevilla que, por cojones, se tenía que mover en bici.

Dejo una foto arriba de la Vespa, de la bici por desgracia no tengo ninguna que merezca la pena. La foto, a día de hoy, sería irrepetible por varias cuestiones.

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