1€

Aun recuerdo cada euro que me daba.

Fue un día de verano. Principios de julio. Yo estaba en el salón de mi casa cuando mi padre apareció por la ventana de detrás de mi casa para enseñarme la moto que me había comprado. Hasta este mismo momento, nunca había pensado en lo que podía haber pasado por la mente, y el corazón, de mi padre en ese instante; y se me encoge el corazón.

Yo ahora tengo 10 años menos de los que tenía el en aquel momento. Me imagino que nunca alcanzaré a comprender lo que el llegó a sentir sin poder transmitir.

Esa moto fue compañera de muchos momentos, inseguridades, y también alegrías. Nunca supe despedirme bien de ella. No la echo de menos. Pasó como tantas cosas que pasan, y la tengo como un buen recuerdo en mi mente.

Me une a ella una anécdota que recuerdo con mucho cariño. Yo estaba en la Universidad; en la segunda; en la Pablo de Olavide. Ahora la distancia desde mi casa a la Universidad la veo como irrisoria, pero entonces era como ir a otra provincia; cualquier problema de intendencia hacía que incluso dejara de acudir a clases si llovía. Lo dicho. Estaba en la Olavide, y tenía mi moto. Mi derbi.

La paga que por aquellos entonces me daban mis padres la tenía invertida los fines de semana en priva. Sabía que el importe íntegro de la misma se iba de mis manos en los 5 primeros minutos de encontrarme con mis amigos. Y eso me generaba el segundo problema.

Yo siempre he pensado que si bien hay que intentar solucionar problemas sin crear uno más grande, también hay que ir solucionando los problemas tal y como te vienen. Y en esa linea del tiempo que se abría desde que mi madre me daba el dinero de la semana, el primer problema que se me planteaba era el de pagar el alcohol que me iba a beber con los amigos. A partir de ahí, lo único que podía hacer por rentabilizar mi inversión era beber más que cualquiera que hubiese pagado lo mismo que yo. Y lo conseguía. Tampoco hasta ahora había pensado en que mis borracheras de juventud tenían como razón de ser la rentabilidad económica de mi inversión en ocio.

Pero bueno, el segundo problema que se planteaba, una vez sin blanca, era el de pagar la gasolina que me llevara a clases. Dinero que no tenía. Si bien tengo que decir que ya estando en la Universidad trabajaba en muy diversas cuestiones para sacar unas “perras”, lo cierto y verdad es que siempre estaba sin blanca.

Mi madre, siempre mi madre, me daba todos los días 1€ para tomar un café en la Universidad. Café, que nunca me llegué a tomar. Y esa es la anécdota que no sé si algún día conté. Durante años, tampoco tantos, si bien más de dos, todas las mañanas, nada más salir de casa, me iba a repostar 1€ de gasolina, cantidad que me daba para ir y volver a clases (si bien, alguna vez me quedé tirado con la moto). Ahora lo veo como algo ridículo, si bien lo recuerdo con mucho cariño.

Creo que no tengo ninguna foto de esa moto en aquella época. Época que llevo en el corazón; no quiero que vuelva, pero estuvo bien que pasó.

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