0

1- En algún lugar de Brandemburgo

 

No para de llover. Llueve sin parar. Frio. Gris. Tristeza. Dolor. Llueve.

Hoy he vuelto a aprender que no sé dónde estoy. Ni a donde voy. Que no sé lo quiero, ni lo que dejo de querer. Que no soy feliz sin dejar de serlo. Que me tengo y no me tengo. Que me voy, y que me quedo. Que tengo miedo. Y frio.

Deseo hacer cosas que deseo. Pero no tengo tiempo para ese deseo. Soy feliz, y no. Me gusta lo que hago, y no. Y no.

En algún momento de hoy he levantado la cabeza, he abierto bien los ojos, y he visto mi futuro. Con la poca movilidad que me dejaba la chaqueta de la moto, me he quitado los guantes de invierno para darme cuenta de que no tenía mucha movilidad en los dedos. Más por fuerza que por maña he conseguido sacar el móvil del bolsillo, desbloquearlo, enfocar buscando el encuadre que quería y hacer la foto que me habla de lo que viene. O de lo que veo que viene.

Algún lugar de Brandenburgo

No he acabo de salir de una situación incómoda cuando, tras un cambio de rasante, un giro de noventa grados me coloca en el punto de partida que algo más de 1cm más arriba se deja ver.

Un camino embarrado, frío, peligroso, dónde no se acierta a ver un fin, ni se sabe cual es este fin.

Me temo que el éxito de la batalla dependerá de las ganas que tenga de divertirme a la hora de recorrer ese camino, de la montura que lleve bajo el culo (aunque sólo sean las piernas), de lo dispuesto que esté a ensuciarme y del tiempo que siga siendo capaz de mirar hacia adelante.

Pero tengo miedo, y hace frío. Y llueve.

Anuncios
Vídeo
0

Es mejor vivir así

Es increíble la cantidad de años que han pasado. Es increíble la cantidad de lágrimas derramadas. Esta canción era ella cuando no la tenía. Ahora la tengo.

Quien me iba a decir que un día iba a cambiar lo que era mi vida, por lo que es mi vida.

El pellizco del corazón al volver a escuchar esto me hace sentir que lo que creía es lo que creo. Que no es poco.

0

Me pongo a soñar

Me gustaría que los sueños que andan por mi mente a la hora de pensar en lo que me gustaría hacer, se hicieran realidad.

Me gustaría que una decisión controlada pueda desencadenar el número de pasos necesarios para alcanzar el destino que deseo.

Me imagino que no se entiende. Pero es que de eso se trata.

No sé si el vivir tiene solución. No sé si hay un desenlace a esto más allá de la muerte. O si todo desenlace conlleva la aparición de una nueva trama.

Este fin de semana he descubierto que el “y vivieron felices y comieron perdices” es en alemán “und wenn sie nicht gestorben sind, dann leben sie noch heute”, o lo que es lo mismo, “y en el caso de que no hayan muerto, siguen viviendo a día de hoy”. Y me gusta. O quizá no.

Quizá hemos crecido en una idea de que el día de mañana habrá una solución a todo esto. Quizá si sigo, y doy los pasos adecuados; si me esfuerzo, voy a llegar a la felicidad. A comer. A sentir la satisfacción de haber cumplido un mandato vital. Y después; después ya puedo morir. Pero quizá no. Probablemente no. Quizá, después de todo, sólo seguiré viviendo hasta que llegue lo irremediable.

Si tras todo este andar llegará el vino; más vino; o mejor disfrutar de esta copa sin darle más vueltas a lo que podamos solucionar mañana por si acaso, nos vamos.