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Tengo miedo

miedo.

(Del lat. metus).

1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Tengo miedo. Pero no a reconocerlo.

Estamos acostumbrados a que los libros de historia nos hablen de fechas exactas que cambiaron la historia:

14 de Julio; 2 de Mayo; 28 de Junio; 1 de Septiembre; 8 de Mayo; 11 de Septiembre;…

Pero estoy seguro de que nadie, en las citadas fechas, sabía que se encontraba ante un cambio de tal magnitud. Yo, con mi corta vida, sólo recuerdo dos acontecimientos que ha supuesto un antes y un después:

  • Caída del muro de Berlín: Posiblemente uno de los hechos históricos más importantes en la Europa reciente. Quién me iba a decir a mí que unos años después iba a vivir aquí.
  • 11 de Septiembre

En ninguno de los casos, ninguno de los presentes podíamos alcanzar a predecir lo que el destino nos deparaba en las fechas que a continuación iban a llegar. Creo que ahora estamos ante uno de esos momentos históricos.

Los atentados de París, tengo la sensación, van a suponer de nuevo un antes y un después en el estado normal de las cosas. No fui consciente el día que me enteré de lo que había pasado, pero lo soy un poco más hoy.

Recuerdo el 11 de Marzo fatídico para la Historia de España. Recuerdo levantarme, ir a la Universidad, y allí descubrir lo que esa mañana había pasado en la capital de mi país. Recuerdo la manifestación que hicimos en el pasillo de la UPO contra ETA, la que pensábamos que era la causante de la tragedia. Recuerdo los días posteriores. Recuerdo el resultado de las elecciones. Y recuerdo, incluso hoy en día, a un partido político como responsable de todo aquello; lo fuera, o no.

Desde entonces no han sido pocas las tragedias. Y desde entonces no es difícil definir un camino que nos ha llevado a la situación actual. Culpables de ellos somos todo, y que se salga el que quiera.

Pero de lo que vengo a hablar esta noche (o esta mañana, cuando lo leas) es del miedo que ahora mismo siento.

Y siento miedo porque quien debiera defenderme; quien me roba a base de impuestos para garantizarme una seguridad; el que ejercer en forma de monopolio la coacción física legítima; ese, no tiene ningún arma contra los que ahora luchan contra él.

Los acontecimientos de hoy no serán nunca más recordados. Mañana formarán parte de un ayer que nunca existió. Pero hoy, en el país en el que vivo, uno de los países más poderosos del mundo, se ha suspendido un partido y evacuado un campo de fútbol por el simple hecho de encontrar un objeto no identificado. Y lo mismo ha pasado con un concierto. Y se han detenido a personas sin saber realmente por qué. Y a media tarde, el túnel que pasa por el Reichstag estaba cerrado. Pánico.

Tú y/o yo somos los siguientes en la lista. No sabemos quien está detrás de todo esto, pero sabemos que no tiene ni miedo, ni nada que perder.

El hecho más desconcertante de lo que ha pasado en París, desgraciadamente, es el desconocimiento (y la inquietud que provoca el mismo) del hecho de por qué dos suicidas se hacen explotar sin causar prácticamente víctimas.

Una vez escuché que Vietnam fue para USA una guerra de Guerrillas. Que por eso, a pesar de la superioridad, tuvieron que retirarse y, con ello, perder. Escuché, que España sería inviolable militarmente por ese mismo aspecto. Y que ese hecho impidió que los Nazis nos tomaran a pesar del lamentable estado después de la guerra entre hermanos aquí (allí) habida. Ahora, no nos encontramos ante una guerra de guerrillas. Nos encontramos ante una guerra de suicidas. Dónde cada suicida está convencido de que su victoria es su muerte. Y debe morir matando. Y eso, no me avergüenza reconocerlo, me da miedo. Mucho miedo.

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Spanischer Cataluña

Un poco cansado de lo que empieza hoy: la campaña electoral catalana.

No va a ser este un post de odio hace Cataluña, o hacia los que quieren su independencia, porque no siento tal odio. Es una entrada relativa al vencimiento por hartazgo que siento en esta materia.

Soy un firme defensor del derecho a decidir de los pueblos. Soy consciente (porque sólo hay que acudir a la historia) de las particularidades del pueblo catalán dentro de la historia de España (a la que, por otra parte, siempre han pertenecido). Entiendo las identidades culturales que les animan a buscar una defensa en común de estas, incluso fuera del estado al que pertenecen. Entiendo que la reacción provocada por el resto de España, y en particular por los representantes de estos, les anime a luchar con más insistencia por lo que hasta hace no demasiado sólo pocos consideraban necesario.

Ahora debería venir el “pero”. No va a haberlo.

La mayor fábrica de independentistas está en la reacción del resto de españoles. En los medios de comunicación. En el simple odio a lo catalán. Se está dando la paradoja de parecer que a muchos no les interesa la independencia, porque lo que de verdad quieren es la expulsión. No hay nadie que tienda la mano. No será posible la reconciliación entre pueblos que no dejan de manifestar odio cada vez que tienen ocasión.

El estado, por definición (salvo los fallidos) son siempre estados de derecho, porque es el derecho el que configura y sustenta al estado. Pero la existencia de un estado de derecho no justifica la cerrazón al diálogo o el ataque injustificado. La democracia (a veces por suerte, y a veces por desgracia) debería estar por encima de cualquier estado de derecho. El pueblo tiene (o debería tener) la capacidad siempre de decidir sobre su futuro sin más limitación que la obtención de una mayoría que respalde su pretensión.

Pretender con desdén, con actitud fascista, latente de democracia, con soberbia, apagar el fuego de la independencia que se está avivando en Cataluña no es ninguna solución. Bajo mi punto de vista sólo va a conseguir agravar las cosas. Pero no creo que esto vaya a cambiar.

Creo que hay que dejar al pueblo manifestarse. Creo que aun estamos en un momento en el que el sentido común primará sobre el odio. Creo que a poco que haya un grupo de personas que quieran la independencia de un territorio, el estado debe poner los medios necesarios para que puedan ejercer su derecho de manifestar sus ideas. Por supuesto, también tienen derecho a ejercer su derecho aquello que se oponen a la citada independencia. De hecho, yo estaría con ellos.

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Violencia de género

Es siempre espinoso tratar un tema como el de la violencia de género.

Me considero un firme defensor de la igualdad. He sido educado en una casa dónde ser hombre o mujer no tenía ningún privilegio a la hora de recibir derechos u obligaciones. Estoy tan seguro de la igualdad entre géneros en todos los aspectos posibles, que creo que pocas medidas correctoras de desigualdades son justas. Aunque haberlas, haylas. Allí dónde efectivamente existan, que se identifiquen y se actúe para eliminarlas. Por mojarme y poner un ejemplo, creo que una mujer puede tener más problemas a la hora de encontrar un trabajo por el simple hecho de ser fértil.

La existencia de personas que se toman la cuestión de la diferencia de sexos como una revancha, o como una reclamación de derechos históricos, respectivamente, no hace más que dañar al fondo del asunto. Y voy a hablar de dos casos en concreto:

En el primero,  me sigue sorprendiendo el trato que desde organizaciones feministas se da a la figura de las amas de casa. En muchísimos casos, la mayoría, las mujeres que hoy son amas de casa (especialmente las mujeres de entre 40 y 70 años) lo son fruto de una cultura y una presión social que les llevó a dejar de lado cualquier expectativa de futuro para servir dentro de casa. Muchas mujeres dejaron de estudiar, de trabajar, de vivir, en el momento en que se casaron con motivo de que “su papel” era el de criar niños y limpiar. Estas mujeres han sido, son, y serán víctimas de su género. Y sin embargo no se toman medidas con respecto a ellas. La inserción laboral de una mujer que durante los 20 años anteriores no ha hecho otra cosa que trabajar dentro de su casa debería ser una prioridad para las administraciones. El acceso a la Universidad de estas, gratuito y fomentado. La independencia económica, garantizada. Y así seguiría un buen rato.

El segundo; creo que hace mucho daño intentar igualar a los hombres que sufren las consecuencias de la legislación contra la violencia de género, con las mujeres víctimas de violencia de género. Como Abogado, he sido testigo de casos de abusos de la normativa de defensa de las mujeres sin justificación suficiente. Soy consciente de que se ha violentado el derecho para obtener un beneficio. Y soy consciente de que hay hombres maltratados por sus mujeres. Pero esto no es más que una gota dentro de un mar de realidad de maltrato del hombre sobre la mujer. No se pueden comparar dos situaciones tan diferentes. La posición del hombre no es ni parecida a la de la mujer en este aspecto. Las mujeres, desgraciadamente, siguen siendo víctimas en una proporción infinitamente mayor a la del hombre. Y por eso, tweets como el de la Policía de Madrid del otro día me parecen lamentables.

Que existan despojos humanos que defiendan la violencia sobre una persona simplemente por razón de género no debería hacer perder el fin de lo que se persigue cuando se habla de violencia de género: acabar con la violencia física y social contra la mujer, y fomentar un futuro de igualdad dónde el hecho de ser mujer u hombre no te cualifique o perjudique en ningún aspecto de tu vida.

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Meanwhile in Spain

Cada vez que me levanto; o antes de acostarme; o al hacer una pausa, me gusta dedicar un rato a buscar un poco de información sobre España. Desde hace mucho tiempo, decidí intentar no vivir la realidad de España de forma directa, y centrarme un poco más en la de Alemania, que es dónde vivo.

Los medios que uso son los normales: periódicos, facebook, twitter, etc…

Pues bien, no deja de sorprenderme el hecho de que a pesar de que leo mucho menos sobre la realidad informativa de España, las conclusiones que saco sobre lo que allí está pasando son mucho peores. Ahora no hay informaciones sobre terceros asuntos que diluyan el gravísimo contenido de algunas noticias.

De las noticias de las últimas semanas me quedo con dos:

La primera, relativa a la comparecencia del Presidente del Gobierno en la cual quedó demostrado que los datos expuestos estaban expresados de forma que daban a entender una realidad que no era tal. En definitiva, que en la mayoría de los datos analizados la situación de España será posiblemente peor a la que tenía cuando el gobierno (con aplastante mayoría absoluta) entro al poder. Siendo expuestos los datos por el Presidente de forma que daban a entender lo contrario.

Segunda, que el Ministro del Interior recibió al ex-director (hoy imputado) de uno de los bancos peor gestionados de España, que dejara un agujero económico de miles de millones de euros, en su despacho del Ministerio.

Y lo que vengo aquí a analizar no es nada relacionado con cuestiones de decencia política, transparencia o corrupción; lo que vengo a analizar es la sensación de impunidad con la que deben sentirse los dirigentes políticos de ese país cuando actúan así. Es inconcebible que una persona responsable tome las decisiones arriba señaladas sin tener miedo a las consecuencias que se pueden derivar de ello. No tienen miedo a la vergüenza, al bochorno, a las consecuencias políticas, ni por supuestos a las consecuencias jurídicas que el actuar de esa forma pueda acarrearles.

¿Por qué se da esta circunstancia?

Al final, me temo, que la ciudadanía y algunos poderes de facto, como los medios de comunicación, no se toman a la clase política como lo que son: dirigentes que están en sus puestos para tomar decisiones en beneficio de todos, y no sólo de quienes los han votado, o se llevan sus favores.

Mientras haya medios que justifiquen lo injustificable, y ciudadanos que apoyen las opiniones vertidas por esos medios, y las defiendan, seguiremos en este mar podrido de desvergüenza que es el poder político en cualquier ámbito.

Me avergüenza ver lo que veo, y leer lo que leo. Pero más me avergüenza ver a quienes justifican que les roban, les saquean, y encima se ríen de ellos.

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Reforma de la Ley Electoral

Con total independencia de cual sea el contenido de la reforma de la Ley electoral, lo que aquí vengo a criticar es la forma, el momento de realizarlo y la respuesta de los medios de comunicación.

Todo el aparato está funcionando para silenciar la realidad que estamos viviendo en España, y que no es otra que la de falta de democracia, de poder en manos del pueblo, la incapacidad que tenemos para hacer responsables a los políticos por sus actos, y la falta de un servicio público esencial que a los ciudadanos no nos están prestando los medios de comunicación.

Es absurda la falta de rigor con el que se está informado sobre materias de gran relevancia para el pueblo de a pié.

No puede atacarse, ni colaborar en este ambiente de odio en la opinión pública, por medidas que al final poca relevancia tienen para el común de los ciudadanos (como es que un gobierno municipal cree una página web para señalar a periodistas) y que nos encontremos con medidas que estás destinadas a golpear al estado democrático que tenemos y que la respuesta sea tan relajada.

Me avergüenza ver en qué se está convirtiendo la política en España, y me avergüenza ver la enorme cantidad de palmeros que este grupo de privilegiados tiene a su alrededor.

Habría que hacer algo.

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Abren los bancos en Grecia

Por fin vuelven a abrir los bancos en Grecia. Esa ha sido la noticia esta mañana.

No obstante lo anterior, siguen las limitaciones a la hora de disponer de dinero en cajeros y oficinas, si bien se han tomado una serie de medidas (como acumular la cantidad a sacar semanalmente) para evitar las colas. Interesante.

Parece que, paso a paso, las aguas vuelven a su cauce, y me imagino que dentro de unas semanas cuando todo se apacigüe aun más, los ciudadanos griegos podrán volver a una “normalidad” que nunca más será la que fue.

El principal perjudicado de toda esta escena montada en Europa ha sido el ciudadano de a pie. El que se levanta todas las mañanas para ir a trabajar. El que sólo quiere que le dejen vivir. Por supuesto, los responsables del desastre griego, tanto de dentro como de fuera de sus fronteras, no sufrirán las consecuencias. Tampoco los que viven con desahogo económico. Tampoco los partidos que apoyaron las medidas y que establecieron el camino a seguir para llegar al caos económico en el que se ha convertido Grecia. Por supuesto, los líderes europeos que en su día apoyaron a estos últimos, tampoco responderán de nada.

Y eso es lo que peor me parece en toda la situación griega. Eso es lo que me saca de mis casillas cuando alguien se refiere al pueblo griego como conjunto responsable de la situación que sufren. El pueblo griego no es del todo responsable. Ellos, como nosotros, se limitan a votar a un conjunto de personas que después tienen la capacidad para hacer o deshacer lo que quieran sin ningún sometimientos a la ley penal por esas desviaciones. Nadie ha votado las medidas que se critican del pasado griego. Los casos de corrupción. La falsedad en cuentas. Las estúpidas asignaciones que tenían algunas partidas presupuestarias.

Indudablemente, algo de responsabilidad tienen. Pero no culpa.

Creo que hace falta un poco más de empatía en la ciudadanía europea. A todos se nos olvida que mañana podemos ser nosotros los que nos veamos en la piel de ellos. Se nos olvida, que tenemos un gobierno que ha incumplido las principales promesas electorales que hiciera en su día para conseguir la mayoría conseguida. Se nos olvida, que la única subsistencia en España es debida al precio de crudo, y a la concesión de créditos por parte de Europa. Se nos olvida que no estamos mejor por haber sido mejores. Estamos mejor porque, de momento, nos lo permiten.

Más empatía, por favor.

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Acuerdo en Grecia

Esta mañana nos hemos despertado con la noticia de la firma del acuerdo entre Grecia y los principales líderes de la Unión Europea. Y aquí viene un poco la clave de la opinión que me merece un poco el asunto.

Al margen de las medidas durísimas tomadas, y que son de fácil acceso para cualquiera que tenga el más mínimo interés por saber qué es lo que se está cociendo en la cocina de Europa; creo que lo más destacable es la responsabilidad que han tomado determinados dirigentes en la toma de la decisión.

Así, nos encontramos con que al abrir cualquier periódico de cualquier país de la Unión Europea (y me imagino también que a nivel internacional) es que la voz cantante de las decisiones tomadas por parte de los líderes de la Unión Europea, han sido del presidente francés, Hollande, y sobretodo de su homóloga alemana, Merkel. Estamos hablando de una Unión Europea que, dependiendo del ámbito y del sector en el que nos movamos, está integrada por un total de más de 20 países. Paises, en su enorme mayoría, que no han tenido ni la más mínima oportunidad de manifestarse contra lo propuesto por la señora Merkel. Si es que así lo hubiesen querido, que lo dudo.

Estamos ante un ente supranacional que al final viene siendo dirigido por la mandataria de un país. Teniendo en cuenta que esta última ha sido solo elegida por los nacionales de Alemania, la autoridad para representar al resto de Europa no es, desde luego, democrática.

Podemos estar de acuerdo en el hecho de que, de hecho, la potestad se la esta dando el silencio de los líderes de los demás países, pero a mi como ciudadano no es una cuestión que me sirva de nada. Sólo puedo votar a mis dirigentes una vez cada cuatro años, y, además, estos dirigentes no están sometidos a ninguna responsabilidad en cuanto a la desviación de sus promesas electorales con respecto a su toma de decisión.

Creo firmemente que, aunque sólo sea siguiendo criterios estéticos, deberíamos impedir que este atentado a la democracia y a la soberanía popular deje de ser el elemento característico del Eurogrupo. La señora Merkel no me representa. No quiero que la toma de decisiones dependa exclusivamente de ella. Pero, si dada la incapacidad política de mis representantes, lo anterior es realidad, quiero que se dibuje de otra forma. Cada vez que Angela Merkel sale representando al común de la Unión Europea, se está dando un paso atrás en la construcción de una Europa unida.

No puedo hacer más que pensar en un pasado no tan lejano, cuando veo a un dirigente de Alemania tomar decisiones con respecto a países terceros.

Y para otro día, dejamos el análisis de las medidas tomadas, y los beneficiarios de las mismas. Revancha sería un calificativo demasiado benévolo.