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Domingo de Ramos en Sevilla (Berlín)

Berlín, un Domingo de Ramos cualquiera.

Acabo de sacar el traje del armario. Está en perfectas condiciones, al igual que los zapatos. Este año no debería tener ningún estrés por querer dejar perfecto el que es el indumentario básico del sevillano en Semana Santa. Lo vuelvo a meter en el armario.

Miro por la ventana y el tiempo pinta mal. Mi padre escribe por whatsapp para decir que está chispeando en San Jacinto. Según mis cálculos, la lluvia de Triana tarda 5 días en llegar a Berlín, así que se complica la Madrugada alemana. Hoy tampoco creo que salga ninguna.

Los balcones no están adornados, ni las mujeres arregladas, ni parece que nadie esté estrenando nada hoy. Voy a la cocina y me faltan guisos. Ni espinacas, ni cola de toro, ni salmorejo, ni torrijas,… nada.

Estoy escuchando el Llamador, aun no se sabe si va a salir La Paz. De buena gana cogería la moto y me iría a verla salir como tantos años he hecho. Pero ni tengo moto, ni me daría tiempo a llegar.

Levanto la vista del teclado y veo en la pantalla de mi portátil alemán como me destaca, a las palabras anteriormente escritas, “salmorejo” y “torrijas”, como palabras desconocidas. Y otra vez más. Cómo te lo podría yo explicar.

“No se puede estar en misa y repicando”, “teta y sopa no caben en la boca”, … no se puede vivir en Berlin, y disfrutar de la Semana Santa. Aquí nunca habrá de eso. Y como no lo habrá, lo voy a soñar.

Y voy a soñar que esta mañana me he levantado bien tempranito para sacar a mi perro Carpeta, para que se desahogue un poco, y para que no esté pesado cuando vengan las visitas que seguro llegan a ver como pasa la Hiniesta por debajo de mi casa. Y después voy a esperar que aparezca mi madre por la esquina de La Pastora para invitarme a un cafelito, que nos beberemos mientras me cuenta como tiene organizado el día de todo el mundo. Ya seguro que se ha levantado mi mujer, y seguro también que mi padre tiene hambre, así que apuro el café y me dirijo a la Hacienda para tomar unos calentitos que me van a hacer arrepentirme de la decisión durante las próximas 5 o 6 horas.

Después voy a llegar a casa, voy a ponerme el traje y voy a coger de nuevo, con mi padre y mi hermano, y me voy a ir a tomar una cervecita al Vizcaino mientras espero que aparezca por allí mi amigo Nacho, que ya no se separará de mi hasta bien entrada la noche.

Mi madre llama, son casi las dos, se está llenando la calle, llegan las visitas y tenemos paso a paso que volver a casa. Cuando llegamos ya está el piso lleno. Parece mentira que tanta gente entre en un sitio tan chico. No hemos cruzado la puerta, y ya tenemos un botellín en la mano y un trozo de empanada. Y no pasa mucho cuando se escucha a la banda de Cruz de Guía.

Y con lo que pasará después seguiré soñando.

Da igual que esté escuchando ahora mismo como en Sevilla llueve, la Semana Santa en mi mente es un día de sol y calor. Un día de brisa suave por la noche. El cielo despejado. La chaqueta que te sobra pero que no te quitas. Jaleo en la calle. Gente guapa. Una cervecita por cada paso que ves. Mucha bulla. Gente que te molesta pero sin la cual no entenderías todo lo que nos rodea. Azahar. Incienso. Música. Capillitas.

El Domingo de Ramos que sueño no tiene nada que ver con el que voy a vivir, pero muchas veces tienes que estar lejos de lo que quieres para saber por qué lo quieres.

El año que viene, o algún año, volveré.

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Sobre decidir

Sevilla Vespa

 

A todos nos ha pasado aquello de darnos cuenta demasiado tarde de estar viviendo una vida irreal, una vida que no se corresponde con lo que somos y con lo que sentimos. A mi me ha pasado, y a ti también.

He pasado muchas horas de mi vida haciendo lo que no quería hacer, y ahora me gustaría volver atrás para poder hacer (y deshacer) mi pasado. Ahora estoy demasiado lejos de personas con las que no disfruté todo lo que debería haber disfrutado. Y tengo miedo de no poder volver al hoy.

Tengo una fuerte conexión con personas a las que he descubierto desde la distancia, y las echo de menos. Y echo de menos lo que no podré echar de menos, que es lo que no he podido o podré vivir con ellos. De alguna forma estoy con ellos, pero no estoy allí. Y quizá no estaré.

He pasado unos días maravillosos con las personas más importantes de mi vida y eso me lleva a plantearme el por qué todas esas personas tan importantes no están a mi alrededor, o por qué no estoy yo en el suyo. Ahora mismo tengo una respuesta clara a esa pregunta, pero no sé si siempre la tendré. La apuesta en la que me encuentro, y que ha tenido rachas en las que me ha ido muy bien pero otras en las que me ha ido muy mal, no sé que me deparará. Me imagino que eso es vivir. Tomar caminos. Imagino también que una persona de mi edad debería tener otras preocupaciones que a mi hasta ahora no me han llegado, y que cuando lleguen confirmarán si el paso dado fue bueno o no.

Empiezo el año pensando en qué he dejado y en el por qué. Temiendo si alguna vez lamentaré lo que estoy haciendo ahora. De momento estoy feliz, pero me falta algo. Siempre me faltará. Haga lo que haga.

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Alec Soth – NY 2012

Larry Towell, USA. Rochester, NY. 2012. Postcards from Rochester with Kodak paraphernalia.:

Perteneciente a la colección “Postcards from America”, en la que un grupo de fotógrafos de Magnum se unieron para intentar re-descubrir la creatividad, basado en un proyecto en el que pretendía cada uno de ellos servirse de la experiencia y del aprendizaje que pudieran proporcionarle los demás.

“As the traditional support systems for producing photo documentary projects – such as canvassing editorial commissions – are in decline, a different method of working is now emerging. This often combines internet platforms, print sales and even self financing publications. Rather than being daunted by these shifts, within Magnum a loose group of photographers have started working together to explore the many platforms currently available.”

La foto engloba el, creo, deseo de todo fotógrafo de volver al principio, a la base de la fotografía, a la pureza, al servirse de si mismo para tratar de conseguir un resultado satisfactorio. Pero imagino que ese camino ya está vedado por las nuevas tecnologías. No se puede combatir o competir con lo actual desde el pasado. Y no estoy seguro de si eso está bien, o está mal.

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Maratón

Medalla

Ayer cumplí un sueño. Me refiero al domingo.

Hace ya demasiado tiempo que empecé a dedicarle algo más del tiempo que me gustaría a hacer deporte. El motivo ya lo he comentado varias veces. Pero por fin el deporte me brinda uno de los frutos que siempre desee recolectar. Una maratón.

He hecho prácticas deportivas tan exigentes o más que la maratón, pero no tenían nada de lo que a la carrera del domingo pasado le sobraba.

Fue buena idea intentarlo. Fue buena idea empeñarme. Y fue buena idea esforzarme en conseguirlo.

No creo que repita más, pero ya hay algo que puedo quietar de mi lista: acabar un maratón.

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Llegó el día

ICE

Por fin llegó el día.

Hace tiempo que debería haber tomado un par de decisiones que, no hace demasiado, por fin tomé. Y hoy llegan las consecuencias/frutos.

La experiencia de los dos últimos años me hacen ver este tipo de días desde una determinada postura de desconfianza e inseguridad. Lo que aparenta ser bueno, no tiene por qué serlo. Y es de eso de lo que quiero hablar ahora.

Hace un par de semanas le escribí a mi hermano una carta en la que le reconocía que me había equivocado muchas veces en la vida. Le decía, que me había equivocado incluso cuando me estaba esforzando por hacer lo que creía que era lo correcto. Esa es una perspectiva que te da el tiempo. No puedes saber lo que te va a deparar el futuro ni siquiera aunque te empeñes en esforzarte por lograr aquello que quieres conseguir, o por hacer lo que es relativamente objetivo que está bien hacer.

Como ya he comentado alguna vez por aquí (aunque no sé si después borré) creo que de una forma u otra, la vida no es que sea justa, sino que es equilibrada. Normalmente vas a vivir una serie de experiencias buenas que van a contrarrestar (si así lo ves) lo malo que te va a pasar. Creo que al final es más una cuestión de actitud que de realidad el saber si te está yendo bien o mal en la vida. Y lo digo, a pesar de creer que la vida no está siendo totalmente justa conmigo en los últimos años.

Por ello, me puedo imaginar que ese par de cosas a las que me refiero hoy traerán consecuencias buenas y malas a la vez. Precisamente por eso, no quiero lanzar ni una sola campana al vuelo. Simplemente espero que salga todo según lo previsto, que ya será suficiente.

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Nueva época

Ramo de boda

Dos semanas de ruido. Dos semanas de silencio. Las dos mejores semanas de mi vida.

Por primera vez estoy sólo desde entonces. Ha sido una marea de cariño, amor, amistad, sentimientos, risas y pasión la que me han tenido alejado de este rincón en estas dos semanas.

Pero no sólo la he disfrutado yo; tengo la suerte de haber compartido estos momentos con la gente que más quiero, y creo que el grado de satisfacción de estos es muy similar al mío.

Me gustaría escribir sobre lo acontecido en estas dos semanas y lo voy a hacer, pero no por aquí. La intimidad de los momentos vividos excede a lo que quiero, o no, compartir en este blog. En cualquier caso, estoy de vuelta. Volveré a la dinámica de antes, y volveré a compartir todo lo que por aquí suelo.

Vengo con baterías recargadas, con el ánimo por las nubes, con muchos sueños por cumplir, y con grandes expectativas. A ver qué tal se da esta nueva época.