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Cambio de dinámica

CervezaHoy (cuando escribo esto) se cumplen dos años del día que cambió completamente mi dinámica. Cada día tengo más claro que ese día cambió algo, y desde ese momento nada ha vuelto a ser igual.

Lo cierto es que no hay ninguna razón por la cual todo lo que ha cambiado en mi vida tuviera que tener relación con aquello, pero desde luego que la mala suerte llegó a mi casa en ese momento, y no ha salido. Es increíble, pero todo tiene sus inicios en ese momento.

Nunca he sido nada supersticioso, pero no puedo cambiar mi perspectiva analizando lo que ha venido pasando después.

Dicen que no hay mal que cien años dure, yo espero que no haya mal que dos años dure, y que a partir de mañana por la mañana la dinámica de suerte cambie, y me de unos años de tranquilidad que a base de esfuerzo y paciencia me he ganado.

Estoy seguro de que lo voy a conseguir.

Esta noche me beberé una cerveza por ello.

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Hora de levantarse

cafe

El pasado sábado me pasó algo que me resultó curioso. Tuve miedo a que alguien pudiera usar lo aquí escrito en contra mía. Y lo tuve, sólo por el contenido “pesimista” que el blog tiene.

No puedo remediar tener la sensación de que todo lo que puede salir mal, lleva un par de años saliendo mal. Con alguna excepción, pero en lineas generales es así. Me salen las cosas mal hasta cuando no las busco. Y me jode que alguien pueda usarlo en contra mía.

Y creo que es hora de cambiar la perspectiva. Y la cambio aun a sabiendas de que la semana que viene va a ser mala. Ya sé que van a llegar malas noticias. De nuevo.

Pero de alguna forma tiene que cambiar la dinámica. Y ahora mismo la única forma que tengo de cambiarla, es a través de la perspectiva con que tomo lo que sucede a mi alrededor.

Una de las canciones más famosas de Simon & Garfunkel cita aquello de “I’d rather be a hammer than a nail”, e indudablemente la cita tiene razón. Llevo demasiado tiempo siendo nail, que a vece creo que es imposible cambiar la perspectiva con la que actúo frente a lo que me rodea.

Poco a poco me he ido recluyendo, agachando y ocultando, y eso me ha llevado a tener la sensación de que no era mala idea ocultarse cuando las cosas van mal, porque cuantas menos oportunidades des a Murphy de hacerse con la suya, mejor. Pero no. No es cierto.

La vida sigue. Y seguirá mientras no llegue lo irremediable. Que llegará. Y ocultarse no es remedio a ningún mal. Me están pasando cosas negativas incluso sin buscarlas. Y por no buscar, no encuentro. La única forma de seguir hacia adelante es seguir intentando vivir. Luchar. Salir. Volver a ponerse de pie. Y desde luego la semana próxima va a ser un ejemplo de lo jodido que es intentar levantarse cuando te llegan golpes incluso de dónde menos lo esperas. Pero no queda otra.

Hasta ahora he sido yo, pero en unas semanas seremos nosotros. Una familia está en camino, y no puedo seguir estando viéndolas venir. Hay que salir y luchar.

Y me cago en Dios que voy a poder con esto.

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Mi primera aventura

Vietnam

Tal día como hoy, quizá como el de ayer, se cumplen años de mi primera aventura en solitario en el extranjero. Fue en 2010. Antes había viajado lo suficiente, contando incluso con un par de viajes bastante grandes, pero nunca había ido al extranjero sólo.

El motivo del viaje fue pasar las vacaciones con Alice. Normalmente en España el mes de agosto es un mes inhábil para los abogados y decidí pasarlo con ella. Su cumpleaños es tal día como hoy, por eso adelanté el viaje un par de días. Por otra parte, la última vez que nos habíamos visto había sido en Sevilla para la gran despedida.

Mi inglés era en aquel momento lamentable y mi alemán, inexistente. La idea de hacer el viaje era la de darle una sorpresa, y celebrar su cumpleaños, por lo que compré billetes y organicé el viaje yo solo.

Como no tenía ni idea de cómo era el sitio al que iba, contacté a una amiga de Alice (Katha) para pedirle consejo. ¿Dónde podría dormir?, ¿Dónde llevar a Alice?. Me comentó para mi desgracia que esa misma semana había cambiado de ciudad, que no me podía ayudar demasiado, pero si que me hizo muchas recomendaciones.

Alice tenía el día después de mi llegada, muy temprano, un examen, por lo que decidí que lo mejor era llegar y pasar la noche por mi cuenta, y ya a la mañana siguiente ir a buscarla a la Universidad en el momento en que saliera del citado examen.

Como la cosa no estaba muy bien de dinero, me busqué la forma más barata de llegar a mi destino: Jena. Jena es una ciudad preciosa en el centro de Turingia, conocida por su gran y afamada Universidad, por su industria de cristal (con fábricas tan famosas como Carl Zeiss) o por ser la ciudad más cercana a ese paraíso que es Weimar.

Por aquella época operaba un vuelo desde, creo, Sevilla con destino a Altenburg, que es un pueblo a una hora y algo en tren de mi destino. El aeropuerto no era mucho más que un hangar con una pista de aterrizaje. Fue una sensación muy especial acabar ahí. Pero bueno, ahí estaba. Busqué un autobús que me llevara a la estación de trenes, cogerlo, y cruzar los dedos para no haberme equivocado.

En ese tren fue la primera vez que tuve que hablar con alguien en inglés por mi propio interés. Recuerdo planear la frase durante bastantes minutos. La pregunta era tan sencilla como ¿es esta la parada Jena-West? Pero no tenía ningún tipo de seguridad en mi. Pregunté, me contestaron muy amablemente, pero no entendí lo que me querían decir, posiblemente motivado por el bloqueo vergonzoso que tenía. Tuve que tirar de un plan B. Así que me coloqué cerca de una ventana al objeto de mirar bien para ver si identificaba algo que me dijese que estaba en mi destino. Y así fue. No tardó mucho en llegar mi parada. Y me bajé.

Habida cuenta de que si bien mi inglés me servía para decir lo que quería, no me servía para entender lo que me contestaban. Además, habiendo siempre he tenido problemas con las indicaciones (aun las tengo), no me aventuré a pedir ayuda a nadie para que me indicase mi dirección. Por suerte, precavido que es uno, me había descargado unos mapas en mi móvil. No sabía dónde estaba, pero me puse a andar. Por suerte, en la dirección correcta. Jena no es una ciudad muy grande, pero si lo suficiente como para equivocarse y meterse en un problema. Pero bueno, yo seguí mi camino hasta que llegó de nuevo un punto en el que me sentía perdido. Así que saqué el móvil, abrí el mapa, y traté de buscar una identificación que me dijese dónde estaba en ese momento. Y llegó uno de esos momentos mágicos que no sabes por qué pasan.

Miré a la izquierda, y en ese momento, a unos 100 metros, en una dirección completamente diferente a la mía, veo que Alice está cruzando la calle. Iba con un pantalón vaquero remangado, y una camiseta color mostaza. Hacía prácticamente dos meses que no nos veíamos, y sus facciones habían dejado de serme familiares (esto me pasaría durante los siguientes 3 años). Ella paró, miró a su izquierda, y me vio. Coincidimos en una calle que no era la suya, en una ciudad que no era la mía, y paramos para buscar algo en el mismo instante. Y ahí estaba el otro. Aun me parece increíble.

Lo que pasó después queda para nosotros. Pero fue el inicio de un verano maravilloso. Hasta entonces, el mejor de mi vida. Ese verano me enamoró del país dónde ahora estoy. Y aquí estoy. Y aquí espero quedarme.

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La cultura de la cerveza

La cerveza

Este verano está siendo algo especial en un aspecto concreto: la cerveza.

Desde -va a hacer dentro poco- un par de años conozco a un canadiense que me ha abierto un mundo de conocimiento y disfrute de la cerveza.

Para alguien que (incluso ahora después de un par de años viviendo fuera) el 80% de la cerveza que ha consumido en su vida es Cruzcampo, este es un cambio más que interesante. Para mi, la cerveza siempre ha sido la forma más efectiva de refrescarte en un día de calor. En Sevilla, es la única bebida que podías (ahora ha cambiado la cuestión) beber realmente fría.

Un vez leí, o escuché, algo así como que la Coca Cola era una bebida que no te generaba efecto memoria; algo así como ahora te bebes una, y dentro de media hora puedes tener ganas de otra. Haberla bebido una vez, no genera ningún tipo de efecto rechazo a la hora de volver a elegirla como la bebida que quieres consumir. Desde luego, todo un éxito. Yo creo que la Cruzcampo ha tenido siempre ese efecto en mi; bueno, no siempre.

Tardé muchos años en empezar a consumir cerveza. Fue más un empeño. Todo el mundo me decía que la cerveza es una bebida que empiezas a apreciar cuando la has bebido mucho. Y claro, yo que siempre he sido muy empírico, me puse manos a la obra con entorno a 20 años. Y me gustó. Y ahí quedó la cosa.

Cuando llegué a Alemania, la cuestión fue un poco diferente. Aquí había propiamente una cultura de cerveza. Al menos, había muchas más variedad de cerveza a poco que te salías de los bares para turista (que algún día frecuenté). Empecé a probar diferentes tipos de cerveza, y me empezó a gustar la cerveza también de un modo diferente. no sé si era una cuestión del tamaño de la dosis, de lo poco refrescante, de la variedad de sabores, o de qué, pero la cerveza cuando la bebía aquí tenía un efecto memoria que hacía que con una cerveza, a lo sumo dos, tuviese suficiente.

Me gustaba más el sabor, pero de pronto no tenía ganas de beber mucha cerveza. Y una vez que empezaba con cerveza, me resultaba difícil cambiar a otro tipo de bebida si la velada se hacía más larga de lo esperado. Con motivo de ello, incluso empecé a experimentar con la cerveza sin alcohol. Algo de lo que ya hablaré.

Pero este año ha sido una explosión el mundo de la cerveza artesanal y el mundo de la cerveza internacional en Berlín. De unos meses a ahora, cada bar a ampliado en un 100% la oferta de cerveza que estaban ofreciendo. La cerveza es más fría ahora en verano. Las dosis son más pequeñas. Sabores tienes para todos los gustos, y la graduación alcohólica también es muy variada.

Y por eso, ahora estoy viviendo una tercera juventud en cuanto al disfrute de la cerveza. Ahora puedo beber lo que me apetezca sin cansarme del sabor; tengo variedad, es refrescante, y la disfruto en compañía.

¿Qué más se puede pedir?

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Los 32 años

Cumpleaños

Hace algo más de una semana (cuando se publique esto) que cumplí 32 años.

Nunca me gustó cumplir años, y nunca me va a gustar hacerlo. Desde hace años tengo la broma con los amigos de quitarme años. Así, a todos les digo siempre que tengo dos menos de los reales; en este caso, 30. Lo curioso, es que he “oficializado” esa mentira al señalar en alguna de mis redes sociales que nací en 1985, en lugar de en 1983. Me alegró este año descubrir como muchos de ellos, me felicitaban por mi 28 o 29 cumpleaños. Y me alegró porque paso a paso empiezo a conseguir mi objetivo, engañar 🙂

Ya he pasado el primer tercio de mi vida con total seguridad, y eso hace que pueda hacer determinados cálculos que me dan un poco de miedo. Como por ejemplo, me da miedo pensar que están más cerca los 45, que los 18 que tenía cuando entré en la Universidad.

No me gusta cumplir años, porque no gano nada con ello.

Creo además que en mi caso, los años no me hacen justicia. Ahora mismo me siento mejor que cuando tenía 18, 20 o 25 años. Estoy más en forma. Más sano. Me gusta más lo que veo. Sé muchísimo más de lo que sabía. Soy mucho más rico, en definitiva. Sin emabrgo, el cumplir años tiene un componente negativo que no me gusta.

A ver qué me deparan estos 32 años. Tengo ya derecho a un buen año. Ya es hora.

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Qué bueno eres

árbol

Eres tan bueno como lo mejor que hayas hecho.

Teniendo en cuenta lo anterior, el silogismo es sencillo. Desde que llegué no he sido muy bueno en atención a los resultados.

Acaba una vieja semana, y empieza una nueva que no sabemos nunca a dónde nos llevará.

Al final siguen pasando los días sin resultados objetivos. Subjetivos, si. Para que vamos a engañarnos. La situación no es la misma animicamente que la que tenía unas semanas atrás. Decidí seguir una vereda, y en ella estamos. Estoy dedicándole muchas horas y esfuerzos a esta nueva idea.

El problema (o la solución) es que el éxito va a depender exclusivamente de la apreciación que terceros hagan de mi trabajo. Y no tengo ni la más mínima idea de que es lo que quieren. Me baso en hacer lo que yo creo que ellos querrían ver, pero eso no es en si una solución. Tampoco hay una forma de investigar al objeto de llegar a lo que ellos esperan de todo esto.

En definitiva, que vamos a ciegas, pero confiados. Y así seguiremos.

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Se acerca el día

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Esto se está llenando de motivados. Gente que te dice qué puedes (casi todo), y que la mayoría de las limitaciones las tienes en la mente. No me parece mal.

Para mi un fracaso es aquello que ni siquiera se ha intentado. Algo que quedó en el tintero. Un sueño. Al contrario, nada que se haya intentado debe ser considerado un fracaso. Ni mucho menos. Yo soy un claro ejemplo de ello, y he contado por aquí muchas experiencias que derivaron en fracaso y que, sin embargo, sirvieron de valioso aprendizaje.

Pero creo que no todo se puede conseguir. Creo que hay clarísimas limitaciones en lo que cada uno puede y/o no puede conseguir, y creo a su vez que depende de la fuerza mental de cada uno saber en qué se está metiendo, y en qué no. Me parece aventurado no medir los riesgos de cada paso que se está dando.

Después, podremos valorar si la apreciación de los riesgos fue buena o mala. Pero hay que partir de una meditación previa antes de iniciar algo que quizá nos genere más frustración que aprendizaje y, sobretodo, éxito.

No hace demasiado escuché en un podcast de divulgación científica que me gusta mucho (Catástrofe Ultravioleta) que no era mejor el reloj el que menos se atrasaba o adelantaba, sino que el mejor reloj era el que se adelantaba o atrasaba de una forma regular y previsible. A eso me refiero.

Y el que me entienda, que me compre.