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Cómo irte a vivir a Alemania (3)

Hielo

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Y como comenté, dejar morir el despacho fue un gran error.

El despacho lo monté allá por 2009, y puse mucho trabajo en él hasta hacerlo funcionar. Muchos días trabajados, muchos clientes desagradables, mucho trabajo gratis hasta que me di a conocer. En definitiva, mucho luchar. Y funcionó. Y funcionó en una época poco propicia para cualquier negocio en España.

Con el paso del tiempo me había creado una red que me permitía muy fácilmente cubrir los costes del despacho, y seguir generando trabajo que me generaba un buen margen para el tiempo que me requería.

Pero pensé que la situación en Alemania iba a ser mejor de lo que ha sido. Y me equivoqué.

A lo largo de los años que tuve el despacho pasé por muchas épocas. Buenas, regulares, malas, muy malas y horribles. Pero la verdad es que los últimos tiempos en Sevilla las cosas funcionaron razonablemente bien. Como pasa siempre, cuando mejor te van las cosas, más fácil es que la gente confíe en ti. Y dedicándole menos tiempo y menos esfuerzo que nunca, el retorno era mucho mejor.

Pensé que conseguir trabajo en Alemania iba a ser más o menos sencillo. Al menos algo al nivel económico de España. Pensé además que no iba a necesitar ir a Sevilla más que un par, o tres, de veces al año. Pero me equivoqué.

Me vine en junio, pero tanto en los meses anteriores, como en los posteriores, empecé a renunciar a trabajos. Empecé a recomendar a compañeros. Empecé a poner fechas límites para colaboraciones.

En su momento me pareció la decisión más acertada. Si empezaba a trabajar en Alemania y, a la vez, aprendía un idioma, no iba a tener el tiempo suficiente para hacer un buen trabajo y, sobre todo, no iba a tener el tiempo para venir a Sevilla a hacerme cargo de los asuntos que requirieran aquí mi presencia.

Y por eso cerré el despacho.

Ahora lo veo como un error por cuanto el despacho podría haberse estabilizado. Incluso si hubiese conseguido un trabajo aquí, siempre hubiera podido tener la posibilidad de cerrarlo; pero a posteriori. Hubiera sido siempre un perfecto plan b. Hubiera seguido en el mercado. Hubiera tenido unos ingresos más o menos fijos. Y me hubiese financiado mis viajes a Sevilla.

Este son el tipo de cuestiones en las que no se piensa cuando tomas una decisión del calibre de la que yo tomé. Me imagino que no se puede tener esa perspectiva. Todos pensamos que las cosas van a ir a mejor. Con el esfuerzo lógico, lo normal es que todo evolucione. Pero no. Al menos, en este caso no.

Además, el haber estado tan desconectado de lo que antes era mi vida normal me ha ido creando en estos dos años un miedo a volver a empezar algo de forma autónoma. Cuando cerré el despacho me bajé de la montaña que ahora tendría que volver a escalar. Y a veces no me siento con la fuerza necesaria.

(…)

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Cómo irte a vivir a Alemania (2)

Ramo

(…)

Como comenté, el año anterior a venir a Alemania supuso mi independencia.

Durante algo más de un año estuve viviendo en mi misma ciudad de siempre, pero algo alejado del que había sido mi entorno. La experiencia fue muy satisfactoria. Tuve la suerte de compartir piso con una persona fantástica que hizo fácil lo que con otros suele ser más difícil. Fue la mejor forma de dar este primer paso.

Pero seguía sintiéndome solo.

La única forma que tuve de escapar de esa soledad era trabajar mucho, volver a la universidad, hacer deporte y en definitiva llenar el día de cosas que me mantuviesen al margen de la soledad. Los únicos momentos de tranquilidad eran los viernes y sábados por la noche, cuando tenía tiempo de estar sólo y tranquilo en casa.

El fin de entrar de nuevo a la Universidad fue tratar de darle a mi perfil profesional un valor que lo hiciera más interesante fuera de España. A una persona con mi perfil podría resultar interesante para una empresa con un MBA. Al mismo tiempo empecé un curso de inglés que duró un año.

Los meses fueron pasando y, al mismo tiempo en que me iba consolidando como profesional, intentaba mejorar las carencias que pudiera tener de cara a buscar trabajo en el extranjero; mejorar el idioma; e intentar ahorrar lo suficiente como para permitirme la aventura de cambiar de país a los 30.

Ya por entonces llevaba tiempo convencido de que el camino era venirme a Alemania. Por aquella época, Alemania suponía el respiro que necesitaba. Suponía paz. Suponía felicidad. Y entiendo que por ello todo lo que hacía iba destinado a que más pronto que tarde decidiera venirme.

Fue en la Navidad de 2012 cuando tomé la decisión definitiva y lo hablé con mis padres. Ya tenía además, una fecha: verano de 2013.

Había muchas cosas que preparar, poco tiempo para hacerlas, y yo seguía teniendo los días llenos.

Por una cuestión de honestidad, entendí desde el primer momento que había una persona que necesitaba conocer mi decisión para que pudiese buscar un reemplazo, y ese fué mi compañero de piso. Pusimos una fecha, y por lo tanto, la decisión estaba aun más clara. Ya estábamos en un punto de no retorno. El 31 de mayo debería dejar el piso.

El siguiente paso fue hablar con mi empresa. Entiendo que todo el mundo actúa de otra manera muy diferente, pero tenía un gran aprecio hacia las personas a las que estaba unida profesionalmente, y por ello entendí que también deberían conocer mis planes desde un primer momento. Así, a principios de 2013, muchos meses antes de la fecha de partida, hablé con ellos y les expuse mis planes. Tengo que reconocer que su reacción fue muy buena, y siempre me apoyaron en lo que pudieron. Me encargaron la búsqueda de una persona para sustituirme, y seguimos trabajando como si nada.

Al despacho también lo fuí dejando morir poco a poco. Hablé con mi compañera a los efectos de hacerle saber que iba a dejar la oficina, y empecé a derivar clientes hacia otros compañeros.

Y ese fué el principio del fin.

(…)

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¿Cuánto cuesta buscar trabajo?

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Una de las características que mejor me definen es la de ser subnormal profundo.

Hay muchas razones que me llevan a reconocer lo anterior, pero me voy a centrar en dos.

1.- Tomar decisiones poco adecuadas, a pesar de que cualquier análisis previo me hubiera confirmado lo que después se demostraría.

2.- Ser un soberbio que cree que lo puede todo.

Si a eso le sumas el hecho de que, en (muchos) aspectos concretos tengo una mala suerte digna de hacer una película, nos encontramos con un panorama desolador.

Pero bueno, también soy consciente de tener una serie de virtudes que hacen que, a pesar de lo anterior, no me haya ido mal del todo.

Y esto me lleva al tema del que quiero hablar hoy:

¿Cuánto cuesta buscar trabajo?

Me imagino que no hay una cantidad en concreto, sino que depende de cada persona.

Para mi, buscar trabajo en el último año y medio ha sido como una inversión. Una aventura emprendedora que toca a su fin. Un emprendimiento fallido. Y toca a su fin porque quiero empezar con otro proyecto diferente.

Pero ahora mismo, cuando escribo estas palabras, no tengo ni la más mínima idea de cuánto me ha costado buscar trabajo en los últimos 15 meses.

Vamos a empezar con los cálculos. Todo lo que cuento ahora son datos reales, tirando en caso de duda, de las cifras bajas. Basado en mi experiencia personal y profesional.

1.- Coste efectivo de la búsqueda: 22.002,00€

Empecé a buscar trabajo en marzo de 2014, por lo que son 15 meses en total buscando trabajo.

1.1.- Idioma: 1.902,00€

Dado que me vine a vivir a Alemania, necesitaba aprender el idioma, así como mejorar mi inglés, a los efectos de tener una buena posición competitiva en el mercado laboral alemán. Esto lo hice con carácter previo, desde Septiembre 2013 a Febrero 2014.

Me apunté a una academia para dar un curso intensivo de 4 horas diarias en una academia bastante buena de Berlín. El coste total de la academia fueron 280€ al mes y el precio del transporte, 37€ al mes. Si sumamos lo anterior, y lo multiplicamos por 6 meses, tenemos el importe señalado más arriba.

El resultado ha sido extremadamente satisfactorio. Mi alemán es bastante bueno, mucho mejor de lo esperado, y mi inglés a mejorado mucho con el tiempo.

1.2.- Enviar Currículums: 10.000,00€

Para mi, la búsqueda de trabajo, ha sido un trabajo. No un trabajo de 40 horas semanales, pero sí un trabajo diario. De muchas horas. Constante.

Desde que empecé, no he mandado menos de 400 CV. Pero lo fijo en esa cantidad.

Cuando hablo de mandar CV me refiero no a spamear con información mía; me refiero a buscar ofertas que se adapten bien al perfil, extraer información, preparar la candidatura, y enviar mi CV esperando un resultado satisfactorio. Dependiendo de las circunstancias, el tiempo dedicado podía variar entre 10 minutos (si ya había solicitado para una posición similar), a 3 o incluso 4 horas.

Me atrevería a decir que el tiempo medio dedicado a cada CV mandado es de aproximadamente 30 minutos. Si he mandado 400 CV tenemos un total de 200 horas invertidas sólo en este aspecto.

El mínimo al que he facturado como autónomo mi hora de trabajo ha sido de 50€. Es el precio de la hora trabajada que nos marcaba el Colegio de Abogados, y siempre lo usé como referencia cuando el precio por un servicio no estaba cerrado. Si el precio por servicio estaba cerrado, el coste de la hora trabajada era mayor. En determinados trabajos, el coste de la hora era muy superior. Pero como digo, me limito a contabilizar el importe más bajo. Y las contabilizo todas, porque estamos siempre hablando de trabajo efectivo.

200 horas a 50€ la hora, da el asombroso total mencionado arriba.

1.3.- Preparar entrevistas: 10.000,00€

No han sido muchas entrevistas, pero entre una cosa y otra no creo que haya tenido menos de 20 reuniones/entrevistas de trabajo.

El hecho de que las entrevistas de trabajo fueran siempre en dos idiomas que no son el mío, me ha requerido mucho esfuerzo de preparación. La materia es muy especial, y he tenido que invertir mucho tiempo en estudiar y aprender el nuevo sistema dónde pretendía moverme.

Los 2 días antes de cada entrevista estaba centrado en ellas. Nada de buscar más trabajo, sino preparar las mismas. Vamos a suponer que cada entrevista de trabajo suponía una carga de trabajo de esos días a media jornada. Vamos a poner 10h por cada entrevista. A ello hay que sumarle que, para muchas de las entrevistas, contrataba a un profesor de idiomas particular para preparar las mismas. También habría que contar los desplazamientos.

Pero bueno, aunque no contemos con los dos últimos conceptos, tenemos 20 entrevistas con una media de 10 horas de trabajo cada una, al precio mencionado, nos da de nuevo el total arriba señalado.

1.4: Anexos: 100,00€

Para buscar trabajo, también tienes que dedicar un tiempo (no incluido en los apartados anteriores) a crear tu CV, trabajar en las redes sociales, crear diferentes perfiles, contratar profesionales (head hunters, fotógrafos, traducciones, …). Pero sería difícil hacer una valoración económica de este aspecto. Desde luego, sin contar las horas de trabajo, el importe de todo no ha sido inferior a 100€

Pues bien ya tenemos el coste efectivo, pero eso no es todo. Vamos al lucro cesante.

2.- Lucro cesante:

Como comenté más arriba, pequé de soberbio, y creí que las empresas se iban a partir la cara por tener a alguien con mi perfil, por lo que decidí dejar la empresa en la que trabajaba (y que no me ponía ningún problema por trabajar con ellos desde Alemania) y cerrar el despacho (que me permitía trabajar también desde aquí), y que cada año iba mejor.

2.1 Trabajo en el Hospital: 80.000,00€

En la empresa en la que estaba trabajando, tenía un contrato de (brutos) 48.000€ al año, pluses excluídos. Creo firmemente que incluso hoy podría seguir desempeñando el trabajo que desempeñaba sin mayor problema. Los socios de la empresa no tenían problemas con el hecho de que estuviese residiendo en otro país. Me creaba la incomodidad de tener que ir mensualmente a España, por periodos superiores a la semana en algunos casos, pero el trabajo podría haber seguido hasta hoy.

Lo dejé por tomarme un respiro. Por desconectar de España, y centrarme en el nuevo objetivo, y por cambiar de aires. Ahora la decisión no sé si la veo como errónea, pero en su momento me pareció la más acertada. Y a pesar de todo, me alegro.

Teniendo en cuenta que la dejé en noviembre de 2013, y que estamos en junio de 2015, son 20 meses de sueldo rechazado por mi parte.

2.2: Despacho: 5.000,00€

El despacho tuvo en el año antes de venirme su mejor año (teniendo en cuenta que lo compatibilizaba con el otro trabajo, y con un MBA).

Afortunada o desgraciadamente, cuanto más éxito irradias, mejor te van las cosas. Antes de entrar a trabajar en el hospital, le dedicaba al despacho muchas horas a cambio de poco retorno económico. A partir de finales de 2010, el crecimiento del despacho creciendo acompañado de mi nueva posición profesional, y empecé a recibir muchos encargos de los que se pagan a mucho más de 50€ la hora.

De haber mantenido el despacho, teniendo en cuenta que con el hospital hubiera tenido que seguir viajando a España, creo que es realista pensar que el número de encargos hubiese también subido. Esto no implica que yo hubiera podido asumir todo el trabajo, pero si que (contando con la ayuda que tenía en Sevilla) podría haber conseguido un flujo de expedientes que, sin cargarme mucho de trabajo, me hubiera dejado entre 250 y 1200€ al mes. Símplemente contando con la cantidad más baja, estos 20 meses hubiera generado una cantidad (beneficio) de no menos de 5000€

Conclusión:

Decir que esta aventura empresarial me ha costado 107.002,00€ es una barbaridad.

Materialmente, lo que ha salido de mi bolsillo es algo más de 2.000€. He invertido a su vez muchas horas de trabajo que no me han reportado ni un solo € (a pesar de estar acostumbrado a ganar un buen dinero por cada hora trabajada). Y, eso sí, he dejado de ganar muchísimo dinero, por centrarme donde no debía.

De haber podido viajar al futuro, y saber dónde estoy ahora, creo que lo que hubiera hecho es lo siguiente:

Hubiera dejado el hospital. Era un muy buen sueldo, pero era una responsabilidad muy grande, y siempre sentí que era un poco egoísta desarrollar mi trabajo desde un sitio tan lejano. Cuando asumes una responsabilidad, tienes que dar lo mejor de ti (o al menos intentarlo) aun sabiendo que siempre se cometen errores, y en este caso tuve siempre la sensación de que no lo estaba haciendo así por el hecho de no estar junto al equipo. Una decisión personal mía, no debe afectar a mi empresa. Era un puesto con mucha responsabilidad, dicho sea de paso. Además, haber seguido allí trabajando, me hubieses impedido buscar satisfactoriamente trabajo aquí.

Creo que, desde el primer momento, hubiera usado todos los contactos que me proporcionó el trabajo en el hospital para promocionarme internacionalmente. Creo que los frutos hubieran sido otros, si hubiese empezado a buscar trabajo dentro de mi anterior empresa (ellos supieron que abandonaba la empresa con muchos meses de antelación).

También hubiese mantenido vivo el despacho. Como digo, hubiese sido una buena linea de ingreso. Me hubiera permitido vivir aquí sin tirar de ahorros, me hubiera permitido crecer profesionalmente, y también me hubiera permitido viajar más asiduamente a casa. Este fue el mayor error de todos.

Y en cuanto a buscar trabajo, creo que lo hubiera hecho todo tal y como lo hice. La inversión en tiempo no ha sido nada lucrativa en lo económico, pero si en lo personal. Ahora me encuentro en una situación en la que, el cúmulo de decisiones erróneas me tiene en una situación económicamente comprometida, pero creo que en otros aspectos me ha servido para aprender mucho

La vida no es más que esto. Probar suerte. ¿Me he equivocado? Indudablemente. ¿He aprendido? Sin ningún tipo de duda. A partir de aquí, lo que pase es una incognita. No sé si el beneficio que en el futuro me reportará lo aprendido, compensará lo que he perdido en el error cometido. El tiempo me lo dirá.

Mientras tanto, seguiremos apretando los dientes.

 

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Cómo irte a vivir a Alemania (1)

Flores

Sigo por Berlín.

Definitivamente no he escrito demasiado en los últimos meses. Años. Nunca.

Hay que cambiar eso.

En la semana que empieza celebro dos años viviendo en Alemania. Bueno en Berlín. No es exactamente lo mismo.

Creo que puede ser un buen ejercicio hacer un resumen de qué han significado estos dos años tan lejos, o tan cerca. De las muchas formas en las que podría estructurar el resumen, elijo hacerlo en dos etapas, no necesariamente marcada por ninguna fecha, o acontecimiento.

Pero antes, vamos a ponernos en antecedentes:

Cuando llegué (2013), acababa de dejar la ciudad que me había visto nacer y vivir durante 30 años. Mi familia, mis amigos, mis historias, todo se quedó en Sevilla. En esa época estaba trabajando en una empresa de investigaciones médicas, y tenía mi despacho. Días antes de venir, terminé mi MBA.

El año inmediatamente anterior (2012) había supuesto mi emancipación; hubo determinados cambios en mi familia (mi padre perdió su empleo, y empezó valientemente, a ganarse la vida como taxista) y en mi situación económica (accedí a un puesto de trabajo bien remunerado y estable; y el despacho marchaba bien) que me llevaron a pensar que lo mejor que podía hacer, y de la mejor forma que podía ayudar, era cogiendo un poco de distancia intentando, a su vez, ayudar desde fuera. No me fui muy lejos, pero si lo suficiente como para saber que una etapa de mi vida se cerraba (juventud), y empezaba otra (madurez).

La distancia me llevó a descubrir muchísimas cosas que me gustaban de mi familia, y no sabía disfrutar. Me llevó a acercarme de otra forma a los integrantes de la misma (especialmente a mis padres); me dio independencia; y (pero) me hizo sentir sólo. Ya entonces (y desde hacía dos años) no tenía cerca a la persona que quería (mi pareja), ni vivía con mi familia. Por aquella época mis días estaban llenos: dos trabajos y la universidad suponían muchas horas en la calle, muchas horas trabajando, mucho ejercicio mental.

Fue también la independencia y la carga de trabajo la que me llevó a descubrí al que ha sido mi gran aliado en los últimos años: el deporte. Tanta carga mental, tanta responsabilidad, tanto socializar, me creó la necesidad de buscar un vía de escape, crear un momento de tranquilidad, de escuchar música, de pensar, de planear, etcétera.

Empecé a hacer ejercicio, a encontrarme mejor; a ponerme pequeñas metas que iba logrando. Muchas veces pienso que el deporte ha actuado como una droga en mi. Esa sensación de euforia me llevó a tomar decisiones de una forma precipitada, mal medidas y, en definitiva, equivocadas.

Ya por entonces los fines de semana se convirtieron en visitas familiares, dónde podía volver a sentir la sensación de estar en casa de mis padres, en la que había sido mi casa durante tantos años, y poder pasar tiempo con quienes siempre había compartido mi vida. Me gustaba levantarme un sábado temprano (siempre me ha gustado) e irme a desayunar con quien hubiese en casa. Sacar al perro mientras mi madre me preparaba el café. Ir a tomar churros. Hacer la compra. Escuchar.

Como ya no estaba dentro de casa, y buscaba la forma de ver a todos los miembros de casa de forma independiente, me fui convirtiendo un poco en el confidente de todos ellos. Ahora los cafés con mi madre, o con mi padre, servían para intentar resolver, o buscar una explicación, a las cosas que estaban pasando en casa. En no pocas ocasiones sentí que estaba metiéndome dónde no me llamaban. Por suerte, nunca valoré. Simplemente opiné. Traté de ser coherente con mi forma de pensar, sin olvidar el hecho de que en ese momento estaba intentando ser el hombro de quienes siempre habían sido el mío.

Así las cosas, poco a poco me iba sintiendo más independiente con respecto a mi, pero más responsable de mi familia.

(…)

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El límite

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¿Dónde están los límites y cuándo llegamos a ellos?

Hoy he tenido otra reunión de trabajo. Ya no sé cómo llamarlas. No sé si es un problema de actitud mía o no, pero me resigno a no considerarme como una buena oferta. Un empresa que busca a una persona, no le hace un favor a la persona que se adapta mejor a su perfil al contratarla. En el mejor de los casos es un favor mutuo. Pero con casi toda seguridad sale más beneficiada la parte empresarial, que la persona. Cuando además hay un intermediario que sólo está en el proceso para intermediar y poner la mano, pues más de lo mismo. Cada vez que acudo a la llamada de uno de estos acabo con la misma sensación: juegan con mi tiempo y con mi dinero con el único fin de obtener beneficios.

Pero imagino que forma parte del proceso.

Ahora me encuentro otra vez en una fase en la que no sé si debo seguir empeñándome en este camino de buscar, o empezar de una vez a buscar otra salida por mi parte. No lo sé. Aun no.

Tengo la sensación de que mi paciencia va llegando a su límite. Y no lo digo en un mal sentido, o en un sentido violento. Lo digo en un sentido real. En breve estaré en una situación en la que no me quedará paciencia para seguir. Lo único que me anima desde hace un tiempo es saber que cuánto más cerca estamos de un límite, más cerca estamos de una solución. O al menos de cambiar de problema. Que no sé si será mejor o peor.

Cada día me levanto con la fuerza y energía necesaria para dar lo mejor de mi en conseguir mis objetivos, y he de decir que en este tiempo al menos no tengo la necesidad de ocupar mi tiempo, porque éste ya está ocupado. La única necesidad que tengo es la de obtener resultados sobre el esfuerzo realizado. Ojo, no quiero decir que mi trabajo sea un esfuerzo importante. Pero es esfuerzo.

En fin, que empiezo a sentir la presión de las circunstancias.

Yo mismo espero algo de mi que no estoy haciendo. Tomar una decisión en un sentido u otro.

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Más miedo

Amsterdam

A veces pienso.

Bueno, lo hago a diario.

Tengo miedo.

No sé por qué. Pero lo tengo.

Hablo del tema de trabajo. Sigo en la búsqueda. Bueno, ahora estoy de pausa. La última oferta me generó unas expectativas muy grandes. Expectativas que se fueron sin ninguna culpa por mi parte. Y eso jode.

Sigo sin encontrar una solución porque sigo sin saber en qué fallo. Pero bueno, no vuelvo a lo mismo.

Tener un sueldo me ha hecho cobarde.

Emprendí cuando no tenía nada. Nada que ganar. Nada que perder. Ahora sin embargo tengo mucho más para ganar que para perder. Y tengo miedo.

Tengo un dinero por recibir, para invertir, y tengo miedo. Tengo apoyos. Y tengo miedo.

La seguridad me ha hecho un cobarde.

Y tengo miedo. Y no quiero tenerlo.

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Nada cambia

Manos

Nada cambia.

Una nueva oportunidad quemada. Al final van a tener razón. Al final voy a tener que renunciar. Triste presente el de hoy.

Cada vez que menciono el hecho de querer saber qué va a pasar en los próximos días tengo la misma respuesta. Tengo muchas supersticiones, y sé que es estúpido, pero cuando algo se repite con asiduidad en sentido negativo a mis intereses me hace recelar.

Además en estos días me vuelvo un poco autodestructivo. Y eso no es bueno.

Me gustaría cambiar la dinámica de estos escritos, pero cómo dice mi padre estoy ahora mismo en un círculo vicioso y va a ser difícil salir de él. No sé cómo hacerlo, pero pongo todo mi empeño. Todo.

Mañana me volveré a levantar con ganas. Con fuerza. Con esperanza. Con energía. La misma que ahora no tengo.

Es una estupidez tener estos sentimientos por algo que no te va a reportar en la vida nada más que dinero, pero aquí se está discutiendo otra cosa. Aquí se está discutiendo mi orgullo. Mi valía. Mi amor propio.

Y pienso ganar esta batalla. Palabra.

Quizá debería dejar la entrada ahí. En la frase motivadora. Pero no. No me engaño. Es lo que voy a hacer pero sólo porque es mi trabajo ahora. Levantarme. No porque crea en los resultados. Estamos en una situación en la que no creo que más de un 10% dependa de mi. Pero debo seguir luchando por una cuestión de responsabilidad hacia mi. De tranquilidad.

Primeros dos días con resultado incierto. A seguir.