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El rincón de los #consejos (8)

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“Hay que equivocarse por acción y no por omisión”

Que me he equivocado muchísimas veces a lo largo de mi vida es una realidad de la que he dejado constancia en repetidas ocasiones en este Blog. Cada día que pasa en mi vida, además, soy más y más consciente de la comisión de errores en el pasado que no contemplaba hasta ese momento. Lo anterior, con motivo de que las consecuencias de lo que estamos haciendo hoy, llegan con el paso de los años; y por lo tanto, no es hasta el paso de estos cuándo sabes si estabas haciendo lo correcto o no.

Yo soy un firme defensor de que se aprende más de los aciertos y de los éxitos, que de los errores y los fallos. Y me resulta además muy fácil defender esta teoría: nunca sabemos el camino del éxito. Una vez que llegamos a él, sabemos dónde está, o qué requerimos para llegar ahí. Sin embargo, es fácil identificar los condicionantes que harán posible un fallo, un error o una decepción. El aprendizaje que se deriva del error es más fácil de obtener por medios alternativos y es más evidente.

Pero a pesar de lo anterior, la equivocación puede tener consecuencias muy positivas. Y como digo, puede tenerlas; no tienen por qué existir per se. La mejor forma de equivocarse, es equivocarse haciendo cosas. Dentro del mundo jurídico al que pertenezco se le da mucha importancia a la acción y a la omisión.

El error por omisión o por dejadez no aporta ningún tipo de conocimiento. El error por acción conlleva una experiencia de la que podremos sacar muchas consecuencias a la hora de analizar el resultado obtenido.

Muchas veces, cuando estoy planteándome dar un paso hacia adelante, trato de imaginarme lo que puedo ganar y lo que puedo perder dándolo. A veces, no dando el paso, se puede llegar a perder más que dándolo. El status quo no está, ni estará nunca asegurado.

Me he metido en muchos problemas por haber dado pasos erróneos, pero me alegro de todos y cada uno de ellos. Fue mejor que no haberlos dado.

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El rincón de los #consejos (7)

Suecia

“Los problemas se hacen pequeños por el sólo hecho de enfrentarnos a ellos”

Otro aprendizaje que me ha proporcionado la vida es el de descubrir que por el sólo hecho de decidir tomar las riendas de un problema que se está desbocando, aun sin haber hecho nada directamente relacionado con la solución, ayuda a que este problema se haga pequeño.

Los problemas no son objetivos. Un niño chico que no ha realizado la tarea que, en lo próximos minutos, le va a revisar su profesor, siente el mismo miedo que el ciudadano que ha sido citado por un Inspector de Hacienda, y espera ante su puerta, para revisar la documentación que en su día facilitó. Y sin ser iguales, el sentimiento es muy parecido.

Ese miedo es el que limita en muchas situaciones la verdadera resolución de los problemas. Ese miedo insuperable que hace que nuestro estado de ánimo empeore por el simple hecho de recordar en algún momento del día, que tenemos un problema y que, desgraciadamente, el paso del tiempo no está haciendo nada para que desaparezca de nuestra vida.

Todos hemos conocido la sensación que se nos pone en la barriga cuando, en una situación cualquiera, viene a tu mente aquello que desde hace tiempo te preocupa pero no has sabido resolver.

Por eso la grandeza que supone decidir arreglar algo que tenías aparcado no sólo supone el inicio del camino a la victoria, sino que, ya de por sí, supone la victoria en la más dura de las batallas: la batalla de superar el miedo y empezar.

 

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Nuevos retos

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Hace tiempo que no cuento por dónde voy.

Empecé a trabajar. Nuevos retos. Nuevos frentes. Nuevos resultados.

Pero no quiero hablar de nada de lo anterior. Quiero hablar de sensaciones. Quiero hablar sobre lo cerca que podemos tener a veces una grata sensación de la que nos privamos por el simple hecho de tener miedo a dar el paso. Limitaciones mentales que no sé de dónde vienen ni por qué están ahí.

A pesar de la mejoría de los últimos meses, seguí necesitando algo que no acababa de conseguir. Y sin embargo, negaba la posibilidad de buscar un poco más allá de dónde creía que debía buscar. Y no tuve que irme muy lejos para encontrar algo parecido a lo que buscaba. Y no sé si ahí radica la actual felicidad, pero si sé que la nueva realidad me aporta sensaciones que hace mucho tiempo que habían desaparecido de mi vida normal.

Buscar, buscar, buscar, y nunca encontrar.

En entradas que posiblemente ya nunca más formen parte de este blog hablaba de todo lo positivo que me había aportado en mi vida el salir de las bien llamadas zonas de confort. Pero lo cierto es que mis, hasta que me vine a Alemania, zonas de confort no fueron nunca lo suficientemente confortables como para tener miedo a moverme de ellas. Pero aquí la cosa cambió, y la inmovilidad era más cómoda que el movimiento. O al menos eso es lo que pensaba. Y a eso es a lo que me quiero, o quería, referir hoy.

La felicidad puede estar un poco más allá de dónde ahora nos encontramos si es que no estamos dentro de ella. Cambios radicales no son necesarios. Sólo hay que saber y querer iluminar esa esquina en la penumbra que tenemos cerca nuestro y que, sin saber por qué, y sin haber mirado, consideramos que no contiene nada.

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El rincón de los #consejos (6)

Prenzl

“2C: Cojones y Cabeza”

No conocí, ni conoceré nunca a la persona que me lo dijo, pero me llamó la atención.

Fue una llamada de teléfono que me hicieron desde no sé qué organización compuesta por ex-empresarios y ex-consejeros que tutelaban a jóvenes empresarios. Uno de los apartados que incluía un curso que estaba realizando con motivo de estar dentro de un vivero de empresas, incluía este tipo de tutelaje.

Como ya he comentado alguna vez en este mismo rincón, aquella época no fue nada fácil y de un modo u otro dentro de esa conversación llegué a conectar muy bien con el hombre al otro lado del teléfono, y pude explayarme en relación con los muchos problemas que estaba teniendo.

Del contenido de la conversación no hay nada más que destacar que la frase con la que encabezo este apartado. Este hombre me dijo que esa había sido la base de su éxito en la vida. El éxito depende al 100% de esos dos conceptos, cada uno de ellos al 50%, y es en la búsqueda de ese equilibrio dónde debemos esforzarnos cada día, sin poner más ganas que inteligencia, ni más pensamientos que los que podamos llevar a cabo con nuestro esfuerzo.

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El rincón de los #consejos (4)

Amsterdam

“Déjales que se equivoquen”

Otro consejo de mi padre. De momento nunca me lo dió a mi, pero me lo dará. Siempre he escuchado esta frase de él diciéndosela a mi madre.

Mi madre, como todas las madres, fue todo lo protectora que se podía esperar de ella, e incluso un poco más. Ahora la entiendo. Tengo ese mismo sentimiento hacia mis hermanos. Me encantaría que me pasara a mi cualquier cosa que les pudiera pasar a ellos. No me gusta verles sufrir o decepcionarse. Yo lo llevo razonablemente bien.

No estoy de acuerdo en lo de que sólo se aprende de malas experiencias. He aprendido de experiencias muy buenas que me han pasado. Pero si es verdad que con las malas asocias la lección a una experiencia real, y eso le da un plus de eficacia a lo pasado. Por eso es bueno equivocarse.

El contexto en el que mi padre decía esas frases entiendo que era referido a que todos tenemos una fase de nuestra vida dónde no sólo tenemos el derecho a equivocarnos sin grandes consecuencias, sino que tenemos la obligación de hacerlo, por cuando nos va a servir de aprendizaje y nos aportará experiencia para los, seguro, problemas de mayor gravedad que llegarán sin duda con el paso de los años.

Y es que es en el enfrentamiento directo a los problemas cuando descubrimos que en realidad no eran tan graves como pensábamos, o que siendo tan graves como suponíamos, la falta de soluciones también sirve de alivio. Pero este enfrentamiento requiere de experiencia. Requiere haber probado previamente en esa batalla.

Creo que el mayor problema que tiene la sociedad actual (entremos todos, y que se salga el que pueda) es la falta de madurez; la falta de asumir los errores propios, y las consecuencias que de ello se derivan. Y creo que en gran medida viene motivado por la sobreprotección en la que nos encontramos tanto a nivel familiar como social.

Por eso, si ves a alguien que quieres equivocarse en algo que es normal que se equivoque, déjale, que le servirá de aprendizaje.

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El rincón de los #consejos (3)

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“El que nace lechón, muere cochino”

Otro consejo de mi padre. Recuerdo la primera vez que me lo dijo. Habíamos estado comiendo en un Restaurante del centro de Sevilla con el que se perfilaba como mi compañero de aventura.

Con la ceguera que me provocaba la ilusión de dar un paso hacia adelante tan importante, no paré a analizar correctamente con quién me estaba jugando los cuartos. Mi padre, con mucha más experiencia, se dio cuenta rápido de qué clase de persona (sin que se entienda en sentido negativo) tenía delante; me hizo un resumen de con quién creía que me estaba animando a emprender, y me dijo que su historia cuadraba con el perfil que daba, y que por mucho que la ilusión de una nueva aventura pudiera cubrir las carencias que él (y todos) tenemos, su naturaleza le volverá a llevar a su forma habitual de ser y de entender las cosas.

No quiero que nada de lo expresado arriba se entienda mal. Este consejo no implica ninguna crítica a nadie. Este consejo viene a decir que en la mayoría de los casos siempre vamos a volver a lo que somos, a nuestra naturaleza.

Indudablemente en la vida vamos progresando, mejorando; tenemos la capacidad de ser mejores que ayer, y peores que mañana; hay muchas cosas que está en nuestra mano cambiar; pero siempre va a haber determinadas cuestiones que son más propias de la naturaleza personal de cada uno, que de la evolución que podamos tener.

Este consejo me ha servido mucho no sólo para analizar a terceros, sino también para analizarme a mi mismo, y no empeñarme en dar pasos que vayan contra lo que considero natural en mi.