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Sevilla

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Sobre decidir

Sevilla Vespa

 

A todos nos ha pasado aquello de darnos cuenta demasiado tarde de estar viviendo una vida irreal, una vida que no se corresponde con lo que somos y con lo que sentimos. A mi me ha pasado, y a ti también.

He pasado muchas horas de mi vida haciendo lo que no quería hacer, y ahora me gustaría volver atrás para poder hacer (y deshacer) mi pasado. Ahora estoy demasiado lejos de personas con las que no disfruté todo lo que debería haber disfrutado. Y tengo miedo de no poder volver al hoy.

Tengo una fuerte conexión con personas a las que he descubierto desde la distancia, y las echo de menos. Y echo de menos lo que no podré echar de menos, que es lo que no he podido o podré vivir con ellos. De alguna forma estoy con ellos, pero no estoy allí. Y quizá no estaré.

He pasado unos días maravillosos con las personas más importantes de mi vida y eso me lleva a plantearme el por qué todas esas personas tan importantes no están a mi alrededor, o por qué no estoy yo en el suyo. Ahora mismo tengo una respuesta clara a esa pregunta, pero no sé si siempre la tendré. La apuesta en la que me encuentro, y que ha tenido rachas en las que me ha ido muy bien pero otras en las que me ha ido muy mal, no sé que me deparará. Me imagino que eso es vivir. Tomar caminos. Imagino también que una persona de mi edad debería tener otras preocupaciones que a mi hasta ahora no me han llegado, y que cuando lleguen confirmarán si el paso dado fue bueno o no.

Empiezo el año pensando en qué he dejado y en el por qué. Temiendo si alguna vez lamentaré lo que estoy haciendo ahora. De momento estoy feliz, pero me falta algo. Siempre me faltará. Haga lo que haga.

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El abogado en bicicleta

Vespa

Volvemos de nuevo a una historia del pasado.

Ya he contado en alguna otra ocasión algo sobre mis principios como autónomo. Cuento ahora otra historia, por si algún día se me olvida.

Siempre he sido un gran aficionado a las motos y a los coches. Ningún fanático, sólo aficionado. Especialmente, me gustan las motos y coches viejos.

Poco antes de la apertura del despacho tenía dos motos (Vespa Iris y Suzuki GS500) y un Ford Fiesta. El Ford Fiesta era cosa de mis padres, pero las motos las había comprado yo con el dinero que había ganado con, entre otras cosas, mi trabajo montando casetas de feria. Iba a necesitar dinero en sentido positivo y en sentido negativo. En sentido positivo, necesitaba cash para pagar la inversión que iba a suponer la nueva andadura, y por otro lado no podía tener grandes cargas económicas de las que tirar hacia adelante en ese momento. Por esas, y otras cuestiones, decidí que lo mejor era deshacerse de coche y ambas motos. Creo que en total me quedé con unos 1.800€.

Cabe señalar ahora que poco antes había comprado una bonita bicicleta clásica por la que pagué más de lo que hubiera debido pero que, en definitiva, hizo su trabajo.

Y como dos más dos son cuatro, así es como me vi en los primeros meses de invierno en mi primer trabajo. Cogía mi bicicleta de 30 o 40 años, y me montaba bien temprano por las mañanas para irme a la periferia de Sevilla a trabajar en mi nueva ilusión. Seguro que, por aquella época, era el único Abogado en Sevilla que, por necesidad, tenía que desplazarse en bicicleta.

De aquello, como no podía ser de otra manera, guardo un bonito recuerdo.

Cuando era requerido un desplazamiento mayor, siempre contaba con el coche de mi padre o de mi hermana y, a decir verdad, también con el scooter de esta última. Pero la mayor parte del tiempo, me movía en bicicleta. No estaba mal.

Unos meses después, un amigo de mi padre me regaló una Vespa blanca que me sirvió para moverme. Con ella anduve un par de meses o tres, hasta que tuve el dinero suficiente para comprar la moto con la que andé hasta que me vine a vivir a Alemania; que tenía también más de 20 años (TDM 850) y que compré por poco más de 1000€. Vendí, además, la Vespa muy bien vendida y di todo el dinero que conseguí a quien en su día, muy generosamente y sin esperar nada a cambio, me regalo la moto y con ella, me quitó de ser el único Abogado en Sevilla que, por cojones, se tenía que mover en bici.

Dejo una foto arriba de la Vespa, de la bici por desgracia no tengo ninguna que merezca la pena. La foto, a día de hoy, sería irrepetible por varias cuestiones.

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La cueva

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Fueron muchos días en mi cuarto.

Muchas mañanas.

Muchas noches.

Muchas tardes.

Aun no sé por qué me encerraba. Me imagino que era lo más cómodo.

Siempre me gustó la soledad. Incluso ahora, que disfruto más de la compañía, o que la compañía es más agradable. Quizá lo agradable de la compañía no fuese nunca un problema. Quizá el problema fui yo. Mi vida. Lo que decidí en ese momento. Dónde me encontraba.

Es curioso lo de la música en este blog. Ahora mismo suena aquello de “What would you think if I sang out of tune…”. Quizá fue ese el problema. Quizá todos necesitamos un poco de help of our friends. Quizá fue ese mi problema en ese momento. No lo sé.

Ahora estoy lejos de todo, y todos, lo que estaban dónde yo estaba cuando me encerraba en mi cuarto sin saber por qué. Pero no me arrepiento de aquello. No echo (aun) en falta los momentos que dejé de compartir cuando la distancia no era un impedimento para compartirlos. Quizá algún día lo haré. En aquel momento fue un proceso de aprendizaje. Fue por lo que tenía que pasar, cuando tuve que pasarlo. Mi travesía en el desierto. Ahora los tiempos no son fáciles, pero reacciono ante ellos de una forma total y absolutamente diferente. Eso me lo enseñó aquello.

No hay mejor aprendizaje que el que te proporciona lo vivido en tu carne. Nadie escarmienta en cabeza ajena, y por mucho que me hubiesen dicho en aquel momento que estaba cometiendo un error, no creo que lo hubiese visto con ese alcance.

Acabo de escribir error, con h. Ya lo he corregido

¿Estas pasando por eso?

¿Te sientes solo?

¿Te sientes mejor estando solo?

¿Te sientes mejor sin dar la cara?

Tranquilo. Pasará. Como todo pasa. La vida no es más que una sucesión de situaciones a veces más agradables, a veces menos, y la gran mayoría de ellas irrelevantes. Trata de aprender del momento que estás viviendo. Trata de ser mejor. Habrá un momento en que no puedas superar al pasado, pero siempre podrás superarte a ti. Lucha por eso.

Ten paciencia.

Todo pasa.

Todo.

Incluso lo que creemos que no.

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Una pequeña pausa

Berlin

Una nueva semana. Una buena noticia.

Tiempo difícil, no dejo de decirlo. Difícil y bonito.

Retos. Superaciones. Recaídas. Depresiones. Intensidad, en definitiva.

Me acuesto con varias noticias.

Una, que un asunto se acaba por fin. Hice más de lo que pude. Me metí dónde no debía. Dónde no ganaba, y me arriesgaba a perder. Y perdí. Pero se acaba. No sin ayuda. Pero se acaba. Me deja mal sabor de boca por una parte. Buen sabor de boca por otra. Está bien aprender dónde debes estar y dónde no. Porque no es es tu sitio. Porque no te lo van a reconocer.

La segunda es la amistad. Reconozco que desconfío. Es triste. Un amigo ha tenido un gesto conmigo y debo reconocer que lo primero en lo que he pensado es qué ganaba él para tener ese buen gesto. Y me equivoco. Aunque al final no me equivoque. Me equivoco.

La tercera, una opción.

Sigo con la duda de saber qué pensaré la semana que viene sobre lo que me pasa ésta. Tiempo incierto. Me gusta la incertidumbre, pero tengo el instinto de querer resolverla.

La opción puede ser una buena noticia o no. La última opción salió mal y me hundió durante tres semanas. Esta semana lo he retomado todo con muchas ganas. Otra decepción no me sentaría nada bien. Nada. Espero que no sea.

Me gustó ayer hablar con mi padre. Qué fuerza. Y con mi madre. Hoy hacen 35 años casados. Eso es ser rico. Algún día hablaré de ellos. Mi fuerza.

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Las notas

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Curioso este mes.

Acostumbrado como he estado siempre a los cambios típicos del mes de junio, este año me he sorprendido mirando el calendario y descubriendo que todo sigue igual.

Ni notas. Ni cambios. Ni mudanzas. Ni vacaciones. Nada.

Sigo con mis inquietudes políticas. Creo que hace falta hacer algo para cambiar lo que tenemos. Y hay una cuestión que me preocupa mucho. La educación.

Sería interesante crear una estructura política que centre sus fuerzas en la educación. Frente a un partido que lo englobe todo, un partido que use su fuerza electoral para imponer criterios en materia de educación contrastados.

Y no me refiero con eso a ser lo mejores en el informe PISA. El informe PISA es como el análisis EURONCAP de los coches. Una vez conoces las cuestiones, es fácil mejorar. A pesar de lo que demuestran nuestros políticos y educadores.

La educación debe ser dinámica y abierta.

Decimos que deben ser los padres los que eduquen a sus hijos. Estamos convencidos. Al colegio se va a aprender, y la educación (como el bocadillo) debe traerse de casa.

Curioso.

Estoy de acuerdo en que la educación debe venir de casa instruida. Pero creo que está en los padres el derecho y el deber de determinar el aprendizaje de su hijo. Esto es difícil como primer paso. Me explico.

Me gustaría poder elegir las materias que va a estudiar mi hijo. La intensidad de las mismas. Y el momento en que las va a estudiar. Es mi obligación y es su derecho. Derecho ejercido a través de su responsable. Quiero analizar a mi hijo. Quiero ver con qué se desenvuelve mejor. Quiero ver qué le es más útil. Quiero ver cómo es la relación con el entorno que le proporciona esa materia. Y a partir de ahí, seguir decidiendo. Sin fracasos. Sin fracturas. Sin perder el tiempo. Directo a lo interesante.

Pero eso trae problemas.

Muchos.

A ver. Este tipo de decisiones son difíciles. En primer lugar hay que querer tomar esa decisión sobre el futuro de tus hijos, y después, y más importante, hay que estar capacitado para ello. Es una gran responsabilidad. Y sobre todo ésto no debería quedar a la voluntad del niño.

Indudablemente te puedes encontrar con el problema del padre que quiere forzar a su hijo a ser lo que éste no quiere ser. O el hijo que dado el desinterés de sus padres (o del desconocimiento) se crea un itinerario cuyo eje es la ley del mínimo esfuerzo. Que todo puede ser.

Pero no podemos limitar el avance pensando en aquellos que harán mal uso de sus derechos y obligaciones. Creo que hay que mirar en el sentido de los que saben y quieren tomar decisiones importantes.

Creo que la educación tiene que ser más abierta de lo que es ahora. Tiene que ser también más plural. Más dinámica. Debe volcarse más en el lado de las emociones. Del arte. De la innovación. Del emprendimiento. Debe estar también guiada por sentimientos.

Hay niños con muchas inquietudes desde pequeños. Un sistema académico como el actual sólo va a ir encaminado a, posiblemente, matarlas si esta inquietud no está en el campo de las ciencias o las letras. No podemos olvidar que lo que antes era garantía de una vida de éxito económico y/o social (medicina, derecho, ingeniería,…) hoy puede no serlo.

Hay que motivar las inquietudes de las generaciones que vienen. Ese será nuestro avance social. Tenemos que crear un sistema educativo fuerte que se base en las necesidades del alumno, y no en los estamentos del sistema. No podemos crear un sistema educativo con diferentes clases y estatus. Hoy día una carrera universitaria no es garantía de mayor éxito que una carrera profesional o que una actividad liberal y autodidacta. No es tampoco indicativo de cultura. Y tampoco de poder adquisitivo.

Los criterios de comportamiento deberían venir de casa, para ser reafirmados en la escuela, al igual que los criterios académicos.

¿Por qué tiene que repetir un curso un niño con menos de 12 años?, ¿por qué tiene que cargar con ese estigma? A poco que las capacidades intelectuales sean las propias de la aplastante mayoría de la sociedad, cualquier cosa que se aprende hasta esa edad será adquirida sin mayor dificultad en el proceso de vivir. Y si el problema son las capacidades intelectuales, entonces las medidas deberían ser otras.

Pero todo esto es un poco quimérico. Quizá mucho.

No sólo hay que cambiar leyes. Programas educativos. Sino también educación familiar. Estamentos académicos. Sistemas de aprendizaje. Profesorado. Sistema de representación de los padres en las escuelas.

Creo que, como con todo, hay que empezar poco a poco.

No se pueden modificar sistemas educativos partiendo de la base de que lo habido hasta ese momento ha sido un error. Hay que ser constructivos, y no destructivos. Hay que enseñas las ventajas de un nuevos sistema. Hay que motivar.

Cuando era joven, pensaba que un sistema en el que un alumno no pudiese repetir era una máquina de crear inútiles. Y efectivamente podría llegar a serlo si no variamos las demás circunstancias. No podemos crear un sistema que no fomente y premie el esfuerzo. Pero tampoco podemos crear un sistema que castigue la falta de ánimo frente a una materia o sistema. Hay que analizar caso por caso. Para eso están las escuelas. Para eso están los padres. Las decisiones relativas a repetir una materia, antes de la universidad, deben venir de una decisión consensuada de padres y profesores. Podría ser un buen control.

Podría ser un control que permitiera un acercamiento de la figura del profesor, al ámbito familiar del alumno para poder tener acceso a la base de éste, y poder facilitar a las administraciones (llegado el caso) la información necesaria para que se tomen medidas.

El tema de la educación es difícil.

La mayor dificultar, creo, hoy día presente, es la necesidad de recursos económicos para hacer viable un avance en la calidad educativa. Y creo que las administraciones no están por esa labor. También requiere una mayor dedicación de padres con respecto a sus hijos. Y me da la sensación que este último punto, está más lejos de conseguirse el primero.

El tiempo dirá.

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Rocío

Rocío

¿Por qué tiene que haber una coherencia sentimental?

Los sentimientos no deberían entender de eso. Los sentimientos son confusos. Los sentimientos nos llevan a error. Los sentimientos son propios. Mis sentimientos no tienen que contentar a nadie. Tienen que confortarme a mi.

Mañana (por hoy) salen. Un año esperando a mañana. Siempre mañana. Siempre ese día. Siempre. Desde siempre. Para siempre.

Me apena no estar allí.

Ahora me doy cuenta de aquellos momentos no disfrutados. Por coherencia sentimental. Pero bueno. No he perdido la oportunidad de que esos momentos puedan volver a darse. Lo cual no es poco. Y es importante.

¿Cómo sería yo si hubiese sido incoherente en materia sentimental? No tengo ni la más remota idea. De dónde estaría. De cómo. De con quién.

No me interesa el continente. Me interesa el contenido. No me interesa el motivo. Me interesa la razón. No me importa la gente. Me interesa mi gente.

Ya solo queda un rato.

Me gustaría estar en ese rato. Me gustaría daros un beso. Y un abrazo. Y tiraros fotos. Y compartir con vosotros. Y reír. Y beber. Y sentir. Pero estáis lejos. Y así tiene que ser.

Vividlo como mejor sabéis. Disfrutadlo como mejor podáis. Y no os apene la incoherencia sentimental. Hacerlo por lo que creáis. Aunque lo que creáis pueda no ser lo que queráis. Aunque no os prestéis atención al para qué, sino al por qué.

Los años cada vez pasan más rápido. Pero siguen midiendo lo mismo. Disfrutad el ahora. Me gustaría veros.

Os quiero. Feliz camino papa. Feliz camino mama.