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Aniversario

Hoy me ha dado por entrar por aquí. Hacía algún tiempo que no venía. Y me han chivado que el Blog está de aniversario.

Recuerdo los motivos por los que empecé a escribir. Entonces había dado por terminada una etapa de mi vida y empezaba con la búsqueda de una nueva identidad dentro de un ambiente muy diferente al que hasta entonces me había acogido. Este fue el rincón dónde reflejé los muchos sentimientos que pasaban por mi cabeza en aquellos días dónde conseguir lo que deseaba estaba más lejos de lo que nunca hubiera pensado. Y cuanto más lejos estaba, más me alejaba.

Y durante el camino fui guadianeando. Igual no escribía nada, que escribía a diario más de 2 y 3 entradas. En aquello no hubo nunca un afán de protagonismo, ni una búsqueda por comunicarme por cuanto siempre he tenido la cercanía de muchas personas que han estado dispuestas a escucharme. Era, o es, una forma de poner mis pensamientos en orden. Escribir mientras pienso.

Desde que empecé hace un par de minutos a escribir lo que estás leyendo, no he pensado en nada de lo que escribo. Estoy pensando en lo que pasará mañana, en cómo puedo mejorar mi trabajo, cómo puedo volver a hacer lo que me gusta, qué puedo cambiar para mejorar, etcétera.

Echo de menos ese tiempo de dejar volar mi mente mientras mis manos se concentran en algo diferente. Echo de menos disfrutar de la música que solía reproducir cuando me sentaba en mi mesa. Echo de menos la expresión artística en las que he tratado de reflejar lo que siento a través de la fotografía. Echo de menos este rincón.

Pero volver a volver no es tan fácil como pinchar un enlace y empezar a teclear letras. Requiere de algo que hasta hace menos de 10 minutos no había encontrado en los últimos meses.

¿Volveré? No lo sé.

Por cierto, conseguí mi objetivo. Pero ahora no estoy satisfecho, aunque seguiré luchando. Con suerte, mañana os lo cuento.

Buenas noches. Gracias por seguir ahí. No sois pocos.

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Sobre decidir

Sevilla Vespa

 

A todos nos ha pasado aquello de darnos cuenta demasiado tarde de estar viviendo una vida irreal, una vida que no se corresponde con lo que somos y con lo que sentimos. A mi me ha pasado, y a ti también.

He pasado muchas horas de mi vida haciendo lo que no quería hacer, y ahora me gustaría volver atrás para poder hacer (y deshacer) mi pasado. Ahora estoy demasiado lejos de personas con las que no disfruté todo lo que debería haber disfrutado. Y tengo miedo de no poder volver al hoy.

Tengo una fuerte conexión con personas a las que he descubierto desde la distancia, y las echo de menos. Y echo de menos lo que no podré echar de menos, que es lo que no he podido o podré vivir con ellos. De alguna forma estoy con ellos, pero no estoy allí. Y quizá no estaré.

He pasado unos días maravillosos con las personas más importantes de mi vida y eso me lleva a plantearme el por qué todas esas personas tan importantes no están a mi alrededor, o por qué no estoy yo en el suyo. Ahora mismo tengo una respuesta clara a esa pregunta, pero no sé si siempre la tendré. La apuesta en la que me encuentro, y que ha tenido rachas en las que me ha ido muy bien pero otras en las que me ha ido muy mal, no sé que me deparará. Me imagino que eso es vivir. Tomar caminos. Imagino también que una persona de mi edad debería tener otras preocupaciones que a mi hasta ahora no me han llegado, y que cuando lleguen confirmarán si el paso dado fue bueno o no.

Empiezo el año pensando en qué he dejado y en el por qué. Temiendo si alguna vez lamentaré lo que estoy haciendo ahora. De momento estoy feliz, pero me falta algo. Siempre me faltará. Haga lo que haga.

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Año nuevo

Sevilla Santa CruzAño nuevo. Mucho tiempo sin escribir.

El que las cosas vayan bien me aleja de la necesidad de buscar un rato para poder expresar las palabras que me gusta compartir. No es mala cosa.

Desde hace unos meses me muevo por una dinámica completamente diferente a aquella en la que un día me encontré. Y la estoy disfrutando.

He pasado unas maravillosas vacaciones con mi familia en España y he vuelto con la fuerza necesaria para seguir luchando por aquello que quiero. Hay problemas que no han desaparecido y no desaparecerán, pero la dinámica es afortunadamente buena.

Seguimos por dónde lo dejamos.

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Desde mi azotea

Mi salón

Hay días en los que lo mejor que puedes hacer es envainártela. Y así lo hice.

Dónde antes había unos problemas, ahora habitan otros completamente diferentes. Sin embargo, mi rincón sigue inamovible. Esto es lo que veo a diario. Cuando escribo.

Hace no demasiado tiempo empecé a escribir algo que no consigo retomar. Vuelvo y vuelvo. Sirvan estas palabras para motivarme a volver a volver ese proyecto. Tengo algo que contar. Y no sé cómo. Tengo una idea, una teoría, una historia, y un proyecto. Antes, cuando tenía tiempo, no tenía la motivación suficiente para coger el toro por lo cuernos y buscar una salida a todo lo que tengo en mi cabeza. Ahora tengo la motivación, pero no encuentro el rincón. Las palabras no fluyen cuando las cosas van bien. No soy un profesional de esto, y no puedo sentarme a trabajar y esperar a que fluya lo que necesita de algo más que de vino y un ordenador para que se desarrolle.

Tengo que hacerlo, y voy hacerlo. Me lo debo.

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Nuevos retos

Schonhauser Allee

Hace tiempo que no cuento por dónde voy.

Empecé a trabajar. Nuevos retos. Nuevos frentes. Nuevos resultados.

Pero no quiero hablar de nada de lo anterior. Quiero hablar de sensaciones. Quiero hablar sobre lo cerca que podemos tener a veces una grata sensación de la que nos privamos por el simple hecho de tener miedo a dar el paso. Limitaciones mentales que no sé de dónde vienen ni por qué están ahí.

A pesar de la mejoría de los últimos meses, seguí necesitando algo que no acababa de conseguir. Y sin embargo, negaba la posibilidad de buscar un poco más allá de dónde creía que debía buscar. Y no tuve que irme muy lejos para encontrar algo parecido a lo que buscaba. Y no sé si ahí radica la actual felicidad, pero si sé que la nueva realidad me aporta sensaciones que hace mucho tiempo que habían desaparecido de mi vida normal.

Buscar, buscar, buscar, y nunca encontrar.

En entradas que posiblemente ya nunca más formen parte de este blog hablaba de todo lo positivo que me había aportado en mi vida el salir de las bien llamadas zonas de confort. Pero lo cierto es que mis, hasta que me vine a Alemania, zonas de confort no fueron nunca lo suficientemente confortables como para tener miedo a moverme de ellas. Pero aquí la cosa cambió, y la inmovilidad era más cómoda que el movimiento. O al menos eso es lo que pensaba. Y a eso es a lo que me quiero, o quería, referir hoy.

La felicidad puede estar un poco más allá de dónde ahora nos encontramos si es que no estamos dentro de ella. Cambios radicales no son necesarios. Sólo hay que saber y querer iluminar esa esquina en la penumbra que tenemos cerca nuestro y que, sin saber por qué, y sin haber mirado, consideramos que no contiene nada.

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Llegó el día

ICE

Por fin llegó el día.

Hace tiempo que debería haber tomado un par de decisiones que, no hace demasiado, por fin tomé. Y hoy llegan las consecuencias/frutos.

La experiencia de los dos últimos años me hacen ver este tipo de días desde una determinada postura de desconfianza e inseguridad. Lo que aparenta ser bueno, no tiene por qué serlo. Y es de eso de lo que quiero hablar ahora.

Hace un par de semanas le escribí a mi hermano una carta en la que le reconocía que me había equivocado muchas veces en la vida. Le decía, que me había equivocado incluso cuando me estaba esforzando por hacer lo que creía que era lo correcto. Esa es una perspectiva que te da el tiempo. No puedes saber lo que te va a deparar el futuro ni siquiera aunque te empeñes en esforzarte por lograr aquello que quieres conseguir, o por hacer lo que es relativamente objetivo que está bien hacer.

Como ya he comentado alguna vez por aquí (aunque no sé si después borré) creo que de una forma u otra, la vida no es que sea justa, sino que es equilibrada. Normalmente vas a vivir una serie de experiencias buenas que van a contrarrestar (si así lo ves) lo malo que te va a pasar. Creo que al final es más una cuestión de actitud que de realidad el saber si te está yendo bien o mal en la vida. Y lo digo, a pesar de creer que la vida no está siendo totalmente justa conmigo en los últimos años.

Por ello, me puedo imaginar que ese par de cosas a las que me refiero hoy traerán consecuencias buenas y malas a la vez. Precisamente por eso, no quiero lanzar ni una sola campana al vuelo. Simplemente espero que salga todo según lo previsto, que ya será suficiente.

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Sin cambios

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Hace ya algunas semanas que no me refiero a mi realidad profesional y hoy quiero dedicarle unas palabras.

Desde que me decidí por volver a andar el camino que dejé cuando me vine de Sevilla (ejercer la profesión de Abogado) tengo una sensación de tranquilidad con momentos puntuales de agobio. Por una parte sé que sigo avanzando paso a paso en mi vida profesional. Pero por otra soy consciente de que los pasos son mucho más pequeños de lo que serían en una situación normal.

No puedo avanzar más de lo que lo hago, y tengo la sensación de que nunca llegaré al ritmo que quiero. Sigo estancado en una situación profesional a la que no le veo salida. Sin embargo cuando miro a mi pasado reciente veo que si hubiese dado algún paso antes, ahora a lo mejor mi situación sería otra. Esto último es quizá indicativo de que es ahora un buen momento para intentar dar esos pasos, pero lo veo un poco tarde. Ya son más de dos años y medio aquí, y veo lejos en mi futuro los frutos que podría dar una decisión sacrificada en el día de hoy.

No obstante, nunca he estado cerrado a nuevas opciones profesionales. El problema es el cúmulo de mala suerte que se ha estado dando en mi entorno profesional desde hace ya algunos años. ¿Mala suerte? Si. Existe. Como he comentado muchas veces, este sinsabor, este maltrato al que me estoy viendo sometido, esta falta de frutos, sólo se puede superar con una convicción: saber que estás haciéndolo (con los errores propios) lo mejor que puedes. Eso es lo que hace que siga teniendo buen humor, y que pueda irme a la cama por las noches y dormir como un angelito.

Quizá hay un poco de autocomplacencia dentro de mis palabras; no lo niego. Pero también hay reconocimiento a mucho trabajo realizado y, sobretodo, mucho esfuerzo. Cada no, cada mala jugada, cada mal resultado significa empezar de nuevo desde cero. Y ya no sé cuantas veces me he levantado. No sé cuantos golpes llevo encima, pero si vuelvo atrás en este blog puedo ver escritos de hace más de un año dónde decía que no podía mucho más. Y aquí estoy.

Y precisamente estas palabras vienen a significar un nuevo esfuerzo en volver a intentar lo que hasta ahora se ha demostrado imposible de conseguir: generar algún tipo de ingresos.

No estoy ciego. Conozco mis circunstancias. Y en base a las mismas busco. No pretendo estar al mismo nivel que pudiera estar en España, y estoy mucho más abierto de lo que estaría allí. Lo he intentado todo, pero bueno, el que no sigue tirando la caña no se puede quejar de no pescar. Mi principal obligación es seguir en el empeño. El día que no lo haga, mi problema se convertirá en otro. Siempre problemas.

He tenido en las últimas semanas un tiempo muy bonito en lo personal, pero no en lo profesional. Hay cosas que no cambian. ¿Cambiarán? No lo sé, pero estoy obligado a seguir intentándolo.