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Cambio de dinámica

CervezaHoy (cuando escribo esto) se cumplen dos años del día que cambió completamente mi dinámica. Cada día tengo más claro que ese día cambió algo, y desde ese momento nada ha vuelto a ser igual.

Lo cierto es que no hay ninguna razón por la cual todo lo que ha cambiado en mi vida tuviera que tener relación con aquello, pero desde luego que la mala suerte llegó a mi casa en ese momento, y no ha salido. Es increíble, pero todo tiene sus inicios en ese momento.

Nunca he sido nada supersticioso, pero no puedo cambiar mi perspectiva analizando lo que ha venido pasando después.

Dicen que no hay mal que cien años dure, yo espero que no haya mal que dos años dure, y que a partir de mañana por la mañana la dinámica de suerte cambie, y me de unos años de tranquilidad que a base de esfuerzo y paciencia me he ganado.

Estoy seguro de que lo voy a conseguir.

Esta noche me beberé una cerveza por ello.

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El día que dejé de ganar dinero para siempre

Bosque en Alemania

“El mundo no está hecho de amor y aire”

Nunca olvidaré esa frase. Me la dijo una persona muy importante para mi, en un momento vital.

La cuestión tiene mucho sentido. Y hoy quiero hablar de ello.

Si has leído las entradas anteriores, sabrás más o menos de dónde vengo, y dónde estoy. Además, sabrás que en definitiva lo que quiero hacer el hablar de mi experiencia en Alemania, desde todos los puntos de vista. Y ahora el punto de vista que más me interesa es el del trabajo. Vamos a ello.

Es cierto que ahora mismo estoy dado de alta en España como autónomo. Y es cierto también que estoy dentro de un proyecto en el que llevo ya unas semanas trabajando. Pero me refiero a otra cuestión. A la cuestión de ganar dinero, y de cómo un día (sin saberlo) decidí que nunca más iba a ganarlo.

Al venirme a vivir a Alemania no sabía en realidad qué es lo que me esperaba. No sabía que no iba a tener (posiblemente nunca) un oportunidad de ganarme la vida haciendo lo que sé hacer. No sabía que aquí iba a ser siempre un español, para lo bueno y para lo malo. No sabía cómo era aquí mi sector. No sabía de ninguna de las dificultades que me estoy encontrando.

Y a pesar de no saberlo, me vine. Creo que en el momento que me desconecté laboralmente de España enterré mi futuro profesional. No estamos hablando de una cuestión de volver y reemprender lo dejado, estamos hablando de un camino sin marcha atrás posible. Y eso es porque dos, no siempre son uno más uno.

En mi caso, dos, tienen que ser dos. El uno más uno sólo sería posible sin viviéramos en diferentes países, y no es un planteamiento el que así sea en el futuro. Mi abandono profesional vino acompañado de los inicios profesionales de mi pareja, y en eso estamos. No podemos volver a cometer el mismo error. No tendría sentido volver a intentarlo a España cambiando de víctima. No sería justo ni para mi, ni para mi pareja, hacerle pasar por lo mismo que yo estoy pasando. Y por eso, mi situación es sine die.

La vida no es amor y aire. Es cierto. Una persona necesita tener algo en la cabeza, un objetivo, para sentirse útil. Y ese sentido viene casi siempre relacionado con el desarrollo profesional. Y yo ese desarrollo lo tengo cerrado.

Ahora, después de dos años aquí, se que es imposible que pueda hacer uso de mi experiencia y mi formación para ganarme la vida como cualquier otro ciudadano de los que me rodean. A lo máximo que aspiro es a poder ayudar a alguien con lo que sé, y con lo que pueda realizar desde aquí, que no es mucho. Y eso me ha enterrado en cuanto a expectativas profesionales.

Y la cuestión no tiene salida. Y no lo digo desde el pesimismo, sino desde la realidad.

Podría intentar reciclarme, pero al final seguiré siendo siempre un español que llegó tarde a un juego que empezó hace tiempo. Soy consciente de que por mucho que mejore no seré nunca tan bueno como el peor de los que han seguido los pasos adecuados. Soy consciente, a su vez, de que el mercado laboral dónde me muevo es muy complicado, y que no hay hueco ni siquiera para lo buenos.

Y por último, al margen de la vida laboral y profesional, mi vida personal sigue dando pasos con el destino final de acabar aquí haciendo mi vida para siempre. Afortunadamente, todo hay que decirlo.

Y por eso digo. El día que me desconecté de aquello,decidí que nunca más iba a ganar dinero. Creo que me moveré en los años que me queda intentando subsistir. Intentando mejorar. Pero con un techo muy bajo. La mejor expectativa profesional que me espera aquí es muy inferior a la que tendría (incluso ahora mismo) en España, y eso no puedo dejar de pensarlo, y lamentarlo.

Existiría alguna opción de que lo anterior cambiase, pero cada día que pasa se hace más complicado y, además, depende de un componente de suerte que yo nunca he tenido.

Y paso a paso empiezo a verlo claro. Y, desgraciadamente, a resignarme.

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Café

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¿Existe la suerte?

No estoy del todo convencido de su existencia en sentido positivo, pero si en sentido negativo. ¿Se puede controlar la suerte? Creo que no.

Esta mañana, procrastinando lo que debía hacer, me puse a leer un artículo referido a uno de mis ídolos musicales, Neil Young. Ese artículo me llevó a otro, y este último a un tercero. Es imposible referirse a la historia de la música sin hablar de Neil Young, pero es imposible referirse a la música de este sin referirse a Crosby, Stills and Nash (otra de mis debilidades musicales).

Una de las virtudes que tiene vivir dónde vivo, es que tengo la suerte de poder disfrutar de una oferta de conciertos impresionante. Este mismo año, CSN dan un concierto (carísimo, por cierto) aquí en Berlín. Y me debato entre la duda de ir o no. No sé si cuando me decida será demasiado tarde.

Al grano; la sucesión de artículos me llevó a una entrevista a David Crosby (uno de los mejores músicos y guitarristas de la historia), dónde se refería a la dinámica de abusos en la que se ha desarrollado su vida, y cómo a pesar de tener más de 70 años, y de haber hecho lo mismo que a tantos de sus amigos (Joplin, Hendrix,…) llevó a la muerte, el sigue sintiéndose fuerte, y capacitado para dar como mínimo diez años más de música. Comentaba, a su vez, que había hecho todo lo que estaba en su mano para haber tenido un rápido final. Todo lo anterior, teniendo en cuenta de que actualmente sufre de Hepatitis C, diabetes y de una afección en el corazón.

Está claro que nos encontramos un caso en el que no sólo ha escapado de la mala suerte, sino que creo debe haber algo más que justifique que, aun a pesar de haberlo hecho todo mal, el destino no le ha permitido fallar.

No lo sé.

¿Hay una correlación entre lo que nos deparará el futuro y lo que hacemos a diario? Es indudable. ¿Hasta qué punto está en nuestras manos todo lo que nos pase? Esa es la pregunta que llevo haciéndome desde hace muchísimo tiempo. Me imagino que no tiene una respuesta clara, pero seguro que en algún momento podré determinar un porcentaje.

Si la vida es justa, debe haber una correlación entre sucesos buenos y malos. Y, aunque no fuese justa, esa correlación debe existir. ¿Es subjetiva la apreciación de si lo bueno ha compensado lo malo y viceversa? Me lo imagino. ¿Cuándo podremos valorar eso? No tengo ni la más mínima idea.

Creo que cada día hago mejor café. La única limitación que tengo, es la de no poder beberlo tanto como me gustaría. Podría beber 10-12 tazas de café al día, pero las consecuencias serían peores que el placer que me produce.

No tengo ningún tipo de teoría sobre cómo hacer un buen café. Creo, además, que hoy en día hay muchos gurús al respecto.

Yo me limito a probar e investigar. No hay una receta. Cada día, a la hora de hacerme el café, varío la receta en base a criterios que ni yo mismo sabría entender, pero el resultado (siendo cada día distinto) es siempre igual de satisfactorio.

Como con todo, creo que hay que estar abierto a probar diferentes variedades, diferentes formas de hacerlo, y después decidir la que más gusta.

Yo tengo mis dos tipos de café favoritos (variando un poco, dependiendo del día):

– Café de filtro: un par de cucharadas de café molido para unos 400ml de agua. Sin azúcar y , por supuesto, sin leche. El café tiene que ser potente, pero no ácido.

– Café con leche: Café normal hecho en una cafetera expreso a media carga, más leche. 80% café, 20% de leche. Nada de azúcar. Si acaso, un poco de canela.

Pero cada momento tiene su café.

Hoy he hecho un experimento para ahuyentar la mala suerte. No sé si lo conseguiré. No sé si romperé el statu quo en el porcentaje de buena/mala suerte que tengo. El tiempo lo dirá. Y tiempo tengo.