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Cambridge

Santa Cruz

Hay momentos en la vida en los que aprecias que tienes una perspectiva interesante para analizar lo que te ha pasado. Esta situación viene con los años. Este fin de semana tuve uno de estos momentos.

Acabo de llegar de Cambridge. No de estudiar. De una boda.

No he estado mucho tiempo por allí, pero si el suficiente para conocer a mucha gente nueva. Muchos estudiantes. Profesores. Personas que han tenido una claridad a la hora de planificar sus carreras que yo no tuve. Me explico.

Es imposible llegar a esa Universidad dejándose llevar por una dinámica que no sea la del trabajo constante. Y ese trabajo debe empezar pronto. Y además, llegado el momento, deberás poder pagar el sueño.

Mi carrera universitaria fue una dinámica. Dinámica, dónde aprobar era el objetivo final. Pasar exámenes. Quitarme asignaturas de enmedio. Sin fin. Sin lógica. Ir derribando barreras para poder afrontar la siguientes. Mi objetivo no era aprender. No estaba encaminado a un determinado objetivo profesional o académico. Y lo conseguí. Y me sentí feliz por ello. Y en momentos como el que he vivido este fin de semana me doy cuenta del error.

Culpa mía. Pero nunca tuve una referencia. No supe hasta que no fue tarde la importancia del resultado. De aprender. De ser mejor que el resto. De relacionarte mejor que los demás. De tener un objetivo, y fijar las pasos a seguir para obtenerlo. De intentar ser el mejor. De hacer la cosa lo mejor que se posible. De, en definitiva, ganar.

Una carrera exitosa no tiene por qué significar más trabajo. Sinceramente lo creo. En mi caso, no creo que los buenos resultados me hubieran requerido más trabajo o esfuerzo. Lo único que hubiese tenido que hacer es tener una mejor estructura.

Y ahora, de nuevo, lo veo como un error. Un error de difícil solución.

Me preocupa pensar que quizá pueda no estar viendo ahora algo que, visto desde el futuro, me muestre que estoy obrando de forma errónea. Estoy en una época de cambios. De nuevos caminos. De toma de decisiones. De intentar abrirme paso de nuevo. Y no sé si estoy dando los pasos correctos.

Ahora tengo un plan. Una estructura. Un camino. Pero lo tuve desde que llegué. El problema es que no ha tenido resultados. Ahora tengo la sensación de que hay más cosas que no dependen de mi, que las que dependen. Intento hacer bien las que dependen de mi, pero no sé si tendría más éxito haciéndolas de otra manera. Tengo miedo de ver claro en el futuro algo que no estoy sabiendo ver ahora. Espero que no suceda.

Si pudiese volver atrás. O si tuviese que recomendar a alguien en el futuro, creo que le recomendaría tener una estrategia. Buscar. Probar en la época en la que se puede probar. Definir los gustos. Imaginarse en el futuro. Y luchar con fuerza por obtenerlo.

Nunca es tarde para cambiar una dinámica. Pero si puede ser tarde para tomar determinadas decisiones. Yo ya no puedo volver atrás y deshacer lo hecho. Tampoco sé si lo querría.

Me queda la tranquilidad de ser ahora consciente de todo lo arriba expuesto. Me queda la tranquilidad de que ese conocimiento estará presente en el desarrollo futuro de mis acontecimientos. ¿Me equivocaré? Seguro. Como siempre. Pero también habrá aciertos.

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Más miedo

Amsterdam

A veces pienso.

Bueno, lo hago a diario.

Tengo miedo.

No sé por qué. Pero lo tengo.

Hablo del tema de trabajo. Sigo en la búsqueda. Bueno, ahora estoy de pausa. La última oferta me generó unas expectativas muy grandes. Expectativas que se fueron sin ninguna culpa por mi parte. Y eso jode.

Sigo sin encontrar una solución porque sigo sin saber en qué fallo. Pero bueno, no vuelvo a lo mismo.

Tener un sueldo me ha hecho cobarde.

Emprendí cuando no tenía nada. Nada que ganar. Nada que perder. Ahora sin embargo tengo mucho más para ganar que para perder. Y tengo miedo.

Tengo un dinero por recibir, para invertir, y tengo miedo. Tengo apoyos. Y tengo miedo.

La seguridad me ha hecho un cobarde.

Y tengo miedo. Y no quiero tenerlo.

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Una pequeña pausa

Berlin

Una nueva semana. Una buena noticia.

Tiempo difícil, no dejo de decirlo. Difícil y bonito.

Retos. Superaciones. Recaídas. Depresiones. Intensidad, en definitiva.

Me acuesto con varias noticias.

Una, que un asunto se acaba por fin. Hice más de lo que pude. Me metí dónde no debía. Dónde no ganaba, y me arriesgaba a perder. Y perdí. Pero se acaba. No sin ayuda. Pero se acaba. Me deja mal sabor de boca por una parte. Buen sabor de boca por otra. Está bien aprender dónde debes estar y dónde no. Porque no es es tu sitio. Porque no te lo van a reconocer.

La segunda es la amistad. Reconozco que desconfío. Es triste. Un amigo ha tenido un gesto conmigo y debo reconocer que lo primero en lo que he pensado es qué ganaba él para tener ese buen gesto. Y me equivoco. Aunque al final no me equivoque. Me equivoco.

La tercera, una opción.

Sigo con la duda de saber qué pensaré la semana que viene sobre lo que me pasa ésta. Tiempo incierto. Me gusta la incertidumbre, pero tengo el instinto de querer resolverla.

La opción puede ser una buena noticia o no. La última opción salió mal y me hundió durante tres semanas. Esta semana lo he retomado todo con muchas ganas. Otra decepción no me sentaría nada bien. Nada. Espero que no sea.

Me gustó ayer hablar con mi padre. Qué fuerza. Y con mi madre. Hoy hacen 35 años casados. Eso es ser rico. Algún día hablaré de ellos. Mi fuerza.

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Lo malo. Lo bueno.

Hamburg

Hay días en los que las malas noticias son buenas noticias.

Me acaban de dar una mala noticia. Acaban de evaporarse muchas esperanzas. Un sueño a la mierda.

Lógicamente me entristece. Hubiera sido más fácil si se hubiese cumplido. Por pedir, pido la excelencia. Que se hubiese cumplido, y de la mejor forma posible.

Pero bueno, la vida no es eso. Me temo. Me alegro.

Como he hablado muchas veces, la vida es equilibrada si sabes apreciarlo. Esta posibilidad era tan buena, que me daba miedo. Mucho miedo. Estoy tan convencido de ese equilibrio, que temo a las buenas noticias aun más que a las malas. Como puede verse.

Ahora podría decir que el hecho de que no se haya cumplido significa, en este mundo de lo no comprobado, que algo bueno va a venir. Pero no es así. No necesariamente. No lo creo. No lo espero.

Además, han sido ya varias las desilusiones en este campo.

Lo que vengo a decir es que está ilusión ha vuelto a dar alas a un apartado de mi vida que tenía apagado. Oculto. Escondido. Me he vuelto a ver en él. Y me ha gustado.

Con esta experiencia he vuelto a mis inicios. Y me ha gustado porque no lo he visto como la época gris que tenía últimamente en mi mente. Lo he visto como mi vocación. Como mi camino.

Por otra parte eso es difícil, porque ese camino es muy difícil de seguir desde el extranjero. Pero tengo que buscar la forma. Alguna habrá.

Me considero tan bueno como el más bueno. Si hay gente que lo ha conseguido, sólo habrá que ver cómo lo han hecho, y repetir la hazaña.

Escribía hace un par de días que me gustaría ver qué iba a escribir la semana que viene sobre los acontecimientos que me estaban pasando entonces. Lo curioso es que, esta sensación, jamás se me hubiese ocurrido como posible. Y eso también me parece maravilloso.

Es como una señal. No hay que preocuparse tanto por el futuro. No hay que prevenir tanto. Hay que actuar adecuadamente, pero sin prevenir. Lo que llegue llegará en la forma menos esperada. A veces para bien, a veces para mal.

Volvemos a la casilla de salida. Pero empezamos con ganas. A ver qué tal se da esta vez. Ya lo veremos.

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Nuevas ideas

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Queden estas palabras.

Es curioso como a veces, cuando decides algo, cambian las circunstancias para hacerte valorar si lo que habías decidido es lo que quieres o no.

Tomé una decisión. Un sueño. A largo plazo. Y sigo pensando que es acertado. Que quiero conseguirlo.

Sin embargo, pasan cosas que te hacen desconcentrarte. Olvidarte. Dejarlo de lado.

Queden estas palabras para mi. Para no olvidar lo que quiero. Lo que me hace feliz. A mi.

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La vida sigue igual

Hamburg 3

Buenas, volvemos a la carga.

La vida no cambia mucho. Afortunadamente.

Me imagino que todos tenemos esa sensación de falta de aquello que siempre hemos buscado. Yo, por lo tanto, también.

Ayer fue un buen día, pero las noticias se siguen retrasando. Toca esperar.

Como ya he comentado alguna otra vez, no sé muy bien si lo importante es el camino, o el destino. El destino es tener la infelicidad que supone encontrar lo que desde hace unos meses estoy buscando. En definitiva. Variar mis problemas y analizarlos desde otra perspectiva. Modificar las cosas positivas y las negativas, y valorar si en el antes estaba mejor que en el después. Visto desde el ahora me puedo imaginar que en el futuro veré el antes y el ahora como mejor que el después. Pero claro, el ya y el antes están incompletos de unas cosas, y completos de otras. No hay equilibrio, no lo va a haber, y no lo puede haber.

Es la búsqueda de ese equilibrio a la que me refiero en la cuarta frase de esta entrada. Todos buscamos un equilibrio entre cargas y beneficios. Todos tenemos una situación ideal en la cabeza. Pero me imagino que esa situación no existe. Nadie la alcanzado. No podemos llegar a valorar todas las variables que permitan poder buscar con éxito ese equilibrio.

Yo lo tengo claro. Pero también tengo claro que, eso que tengo claro, no será lo que tenga claro cuando lo haya conseguido. Porque, sin duda, lo conseguiré.

En fin.

Toca esperar. Desear. Soñar. Olvidar.

Luego vendrá la realidad. Y posteriormente a eso, habrá que valorar.

La vida sigue igual.

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Cambio de Rumbo

Tortipapa

Ya pasó.

Algo debe cambiar. Abro la ventana.

Nunca he sido muy paciente. Y me cuesta trabajo ser paciente con lo que nunca he tenido que serlo.

Curioso.

Después de un proceso que no puedo calificar aún como largo, pero sí como intenso, sigo sin resultados. Pero los empiezo a necesitar. Porque tengo sensación de ahogo. De agobio. De stress.

Tengo muchos planes en la cabeza. Pero tengo que centrarme en uno. Si ese uno no sale, tendré más respuestas. No sé si quiero mandarme o que me manden. No sé incluso si sería posible o realizable ese mandarme. Pero necesito algo. Necesito cambios. Necesito respuestas.

Y así estamos.

A veces pienso que no va a llegar la respuesta nunca. Que no voy a tener siquiera una oportunidad. No sé si es realista. Pero no tiene por qué no serlo. Es raro.

Son curiosas las estadísticas. Muy curiosas. Igual que el tiempo. Si me empeño, estadísticamente, tendré más posibilidades de conseguir mi objetivo. Si le dedico más tiempo, lo mismo. Sin embargo, individualmente considerados, esos intentos tienen la misma probabilidad de éxito. En este caso, rondando el cero.

Mañana (por hoy) es lunes. Aquí es fiesta. Me gustan los lunes.

Necesito un plan.

Necesito cambiar lo que estaba haciendo hasta ahora. Mejorarlo. O al menos, modificarlo y seguir probando. Necesito, en cambio, mantener algunas cosas que me están ayudando a pasar este tiempo de la mejor forma posible.

Mañana empieza una nueva semana. Una nueva esperanza. Tengo que reinventarme. Tengo que conseguirlo. Tengo la sensación de que está cerca, pero lo veo lejos.

El viernes contaré los cambios. Contaré los resultados. A ver qué pasa.